Posteado por: nelsonlombana | marzo 2, 2012

Cárcel colombiana: Infierno, verdadero centro de disociación

Por Nelson Lombana Silva .-PaCoCol

(Ibagué, marzo 2 de 2012) Las cárceles colombianas son un verdadero infierno, un verdadero centro de disociación, cuando el artículo 9º del código penal señala que la pena tiene como finalidad fundamental la Resocialización. Es por el contrario, una verdadera universidad del crimen  para los numerosos detenidos inocentes que se encuentran purgando largas condenas sin deber absolutamente nada o cuanto más ser presos políticos.

El doctor Fredy Julián Cortés Urquijo, nacido en 1978, es ingeniero mecánico de la universidad nacional. Cuando fue detenido se desempeñaba como docente del alma mater. Estudioso se hizo merecedor del premio Simón Bolívar por haber obtenido el mejor puntaje en el examen de educación superior en 2001. Estudiante becado de maestría en ingeniería agrícola. Activista estudiantil, consecuente con los intereses del pueblo humilde, está comprometido con la transformación social y la posibilidad de una sociedad justa, humana, socialista. Víctima de una detención arbitraria, un “falso positivo” es prisionero político y se encuentra en la cárcel de Girardot, Cundinamarca. Desde allí, publica su primer libro intitulado: “Te Cuento desde la prisión”. Son crónicas desgarradoras y conmovedoras de lo que suele suceder a diario en estos centros de reclusión y que la opinión pública desconoce, pues el sistema incomunica, calla y silencia a los medios de comunicación.

Cuando su detención, el 28 de agosto de 2009, los medios adictos al régimen capitalista señalaron con aspaviento que había sido detenido peligroso guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC – EP, que preparaba un atentado contra el entonces presidente de la república Álvaro Uribe Vélez y varios de sus ministros. Siguiendo textualmente el boletín de prensa castrense, indicaron con extremo sensacionalismo que en su computador personal las autoridades habían hallado fotos del avión presidencial, pero que hasta el momento no se había revisado su contenido. Se dijo casi con sevicia que había instalado minas antipersonales en Cabrera, Cundinamarca, cuando el sindicado nunca había estado en esta población. se dijo que pertenecía al frente urbano “Antonio Nariño” de esta organización guerrillera. Así, fue judicializado por rebelión, concierto para delinquir y otras muchas cosas más que lo hacían como uno de los tipos supuestamente más buscados y peligrosos de la insurgencia. La figura de la presunción la hizo añicos los medios de comunicación, que como caja de resonancia de la “seguridad democrática” se ensañaron y se ensañan contra los dirigentes políticos de izquierda en esta nación sudamericana.

Lectura crítica y desapasionada

Este texto de 142 páginas, se terminó de imprimir en los talleres de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios, ASPU – UN, en diciembre de 2011, revela con lujo de detalles la cruda realidad carcelaria en Colombia por dentro, realidad que permanece en el anonimato, en la inexorable indiferencia y criminalidad de una pútrida oligarquía que posa ante el crédulo y engañado pueblo como paradigma de honestidad, honradez y moralidad. La misma que cada ocho días va a misa y comulga y habla como cotorra mojada de defensa de los derechos humanos y el debido proceso.

Una lectura crítica y desapasionada del texto nos coloca ante una cruda realidad vigente y que ha permanecido metida entre las oscuras paredes de las mazmorras del régimen. En esta oportunidad no es nuestra intensión hacer un análisis amplio y concreto del libro, pues nuestra lectura fue rápida, diríase a vuelo de mariposas amarillas pues éste lo leímos en calidad de préstamo. Sí queremos extraer algunos datos, sobre todo los que tienen relación con la penitenciaría de Picaleña de Ibagué, Tolima, por cuanto en varias oportunidades hemos ingresado allí y hemos comprobado esa atroz realidad que el pueblo ignora.

Los medios deshumanizan

El poder alienante y enajenante de los medios masivos de comunicación, no solo callan las atrocidades que suceden en los penales, sino manipulan la opinión pública con sus mensajes subliminales y su publicidad asfixiante. Así es como termina repitiendo maquinalmente lo que dicen la televisión, (RCN, CARACOL) EL TIEMPO, EL ESPECTADOR, EL NUEVODÍA, LA REPÚBLICA, etc. Entonces surgen frases en el común de la gente como estas: “Yo lo único que quiero es que se pudra en la cárcel”; “Es necesario que se haga justicia y poner a ese delincuente tras las rejas y que pase el resto de su vida en el hueco”; “Que le caiga todo el peso de la ley”…

Estos medios no se detienen a pensar y sospechar sobre la objetividad del boletín de prensa militar. Se obnubilan y olvidan que la neutralidad no existe y que la noticia siempre tiene dos caras. Como peones del recalcitrante militarismo repiten con puntos y comas estos boletines. Ni siquiera cuando caen esos brutales montajes, son capaces de rectificar con la misma espectacularidad, guardan sospechoso silencio, diríase pusilánime y criminal silencio.

Reveladora encuesta

En enero de 2011, el doctor Fredy Julián Cortés Urquijo, realizó en la cárcel de Acacías, Meta, una interesante encuesta, según relata en su libro; para el efecto consultó o encuestó a 350 presidiarios. Los resultados son dicientes, reveladores y se convierten en una severa denuncia de lo que a diario sucede allí.

Una primera conclusión es que las cárceles colombianas están llenas de pobres. El 81 por ciento contestó que pertenece a los estratos 1 y 2; con la pauperización de la clase media el índice asciende al 96 por ciento. Los resultados completos por estratos son los siguientes: 1. 56 por ciento; 2. 25 por ciento; 3. 15 por ciento; 4. 3 por ciento; 5. 1 por ciento y estrato 6. 0 por ciento.

Otra pregunta tuvo que ver sobre su infancia. Contestaron de la siguiente manera: 57 por ciento, situación bastante crítica; 23 por ciento condiciones mínimas de vida; 12 por ciento, miseria total; 45 por ciento, pobreza pero con hogar humilde, casa de cartón o de teja y comida básica diaria; 23 por ciento, con las condiciones básicas para vivir, vivienda en arriendo, comida diaria y educación pública; 17 por ciento, con lo básico en alimentación, vivienda en arriendo o propia, salud, educación y algunos lujos: Bicicleta, carro, moto, DVD; 3 por ciento, lo necesario en abundancia, podría decirse que es rico, tiene educación privada, vivienda propia, salud, alimentación, recreación y muchos lujos.

De acuerdo al presupuesto de la cárcel de Acacías de 2009, el interno tenía un valor de $750.000 pesos, la pregunta elemental que se formula el autor de este libro es la siguiente: “¿Cuánto invirtió el Estado en estos ciudadanos para que no cayeran en prisión?

La legislación colombiana dice con aspaviento que no hay cadena perpetua. Sin embargo, una pena de 60 años es una cadena perpetua disfrazada. Otro aspecto dramático tiene relación con la congestión en los juzgados. Según datos del mismo INPEC el 53 por ciento de la población carcelaria pasó más de seis meses sindicada y el 31 por ciento un año en estas condiciones. Los pobres van a la cárcel por ascensor y la justicia por escalera.

El hacinamiento es otro fenómeno dramático que se presenta en las cárceles del país con inusitada frecuencia. Dato de 2010 aparecidos en la página web del INPEC habla del 29.8 por ciento, pero estudio realizado por la comisión de derechos humanos de las naciones unidas, dice que el real porcentaje es del 41.7 por ciento. Ambas cifras son por supuesto aberrantes.

Se señala que en centros carcelarios como La Picota o La Modelo de Bogotá, en una reducida celda viven ocho y diez seres humanos. Un solo médico asiste durante ocho horas a una población carcelaria que supera las 2.500 personas. Solo en 2009 en esta reclusión, 1044 acciones de tutela tuvieron que colocarse para ser atendidos en busca de un medicamento para el quebrando de la salud. Con CAPRECOM, al parecer, las malas atenciones aumentaron.

La sentencia T- 126/09 habla de resocialización. La pregunta es elemental: En esas condiciones ¿Es posible que una persona se resocialice? Según el presupuesto de 2009, para la resocialización era apenas del 2 por ciento de un total cercano a los 730 mil millones de pesos.

Mientras tanto, el primer congreso de las Naciones Unidas para estos fines, con base en las reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos, fijaba los siguientes criterios a tener en cuenta, los cuales eran igualmente avalados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos:

1.      El derecho de los reclusos a ser ubicado en locales higiénicos y dignos;
2.      El derecho de los recursos a contar con instalaciones sanitarias adecuadas a sus necesidades y al decoro mínimo propio de su dignidad humana;
3.      El derecho de los reclusos a recibir ropa digna para su vestido personal;
4.      El derecho de los reclusos a tener una cama individual con su ropa de cama correspondiente en condiciones higiénicas;
5.      El derecho de los reclusos a contar con una alimentación y agua suficiente y adecuada;
6.      El derecho de los reclusos a la debida iluminación y ventilación del sitio de reclusión;
7.      El derecho de los recursos a la provisión de los implementos necesarios para su debido aseo personal;
8.      El derecho de los reclusos a practicar, cuando ello sea posible, un ejercicio diariamente al aire libre;
9.      El derecho de los recursos a ser examinados por médicos a su ingreso al establecimiento y cuando así se requiera;
10.   El derecho de los reclusos a recibir atención médica constante y diligente;
11.    La prohibición de las penas corporales y demás penas crueles, inhumanas o degradantes;
12.    El derecho de los reclusos a acceder a material de lectura;
13.    Los derechos religiosos de los reclusos.

La mayoría de estos ítems vienen siendo violados en las cárceles del país, entre ellas, la penitenciaría de Picaleña de Ibagué. Por eso, la resocialización es apenas una utopía distante. El libro del doctor Fredy Julián ratifica esta cruda realidad latente, realidad que hay que transformar con la unidad del pueblo y la recuperación de la capacidad de asombro. Ciertamente, los presos políticos e inocentes no son delincuentes, son luchadores sociales que deben recuperar la libertad lo más pronto posible.

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