Posteado por: nelsonlombana | mayo 10, 2010

Que es y por qué lucha el Polo Democrático Alternativo, segunda parte (Colombia)

Polo Democrático Alternativo

De allí, sale con destino a Santa Rosa de Cerinza y el dos de septiembre, arriba a la parroquia de Mogotes, cerca a su pueblo natal, donde contaba con sus más fieles adeptos a la causa revolucionaria. Conoció de cerca la inconformidad de los habitantes por las capitulaciones de Berbeo, calificando el hecho de alta traición, por cuanto nada había cambiado a favor del pueblo. Por eso, el pueblo se había manifestado en más de 16 tumultos, entre el 20 de junio y el tres de septiembre, contra el régimen, pero también contra los capitanes del común, la negociación en Zipaquirá y el posterior desconocimiento de las capitulaciones.

Desde un principio Galán se mostró escéptico de la mediación del arzobispo Antonio Caballero y Góngora. Era evidente. El prelado siempre se inclinaba a favor del invasor español. Al fin y al cabo él era también español e invasor y se iba por el más fuerte, el explotador. Ha sido la constancia de la iglesia católica, solo con honrosas excepciones. No estuvo de acuerdo con la tregua propuesta por éste. Insistió en la necesidad de actuar y marchar hacia Santa Fe para exigir el cumplimiento de lo pactado.

La iniciativa de Galán era concreta. Propuso iniciar la marcha hacia Santa Fe, el diez de octubre. Su plan consistía en concentrar ese día a comuneros de 15 parroquias pertenecientes a las jurisdicciones de Pamplona y Sogamoso para luego salir hacia Tunja y llegar a Guachetá, donde se reuniría con la otra división del ejército del Común, compuesta por gentes del Socorro y de San Gil, la cual debía seguir una ruta similar al desplazamiento que culminó lánguidamente con la traición, es decir, las capitulaciones.

Por diversos motivos, Galán se vio precisado a postergar la concentración para el 15 de octubre, pero cuando se dirigía a Soatá a reclutar gente, fue apresado en el sitio de Chaguanete, cerca de Onzaga, antes de la media noche del 13 de octubre. Tres días después, Galán y sus camaradas llegaron como prisioneros a la Villa del Socorro. En un acto de dignidad ningún herrero quiso colocarles y remacharles los grillos. El verdugo apresor, Salvador Plata, tuvo que mandar a sus esclavos a hacer esta triste tarea. El juicio contra José Antonio Galán, viciado por la falta de las mínimas garantías, comenzó en los primeros días de noviembre y culminó con la sentencia a muerte, el 30 de enero de 1782. Fue ahorcado y desmembrado su cuerpo, como ya se dijo.

No se conoce los argumentos de Galán ni de su defensa. Fueron pulverizados por el enemigo de clase, seguramente para no dejar evidencias, huellas que orientaran la lucha a las nuevas generaciones. Pero, se equivocaron de cabo a rabo. Porque el pueblo es superior a los dirigentes como lo dijo Jorge Eliécer Gaitán. Y la sed de justicia social está ahí latente en la conciencia del pueblo colombiano.

Poco antes de ser asesinado, escribió su testamento, nombrando a un negro esclavo de Charalá como primer acreedor. Debía $31,oo pesos y le adeudaban $48,oo. El texto, concluía diciendo: “En lo que me deben es mi voluntad pagar lo que debo y en lo restante se le dé a mi mujer e hijos”.

Galán no murió propiamente en la horca como ordenaba la sentencia, fue arcabuceado, porque el verdugo, un negro, no era diestro en el oficio. Murió Galán, pero su ejemplo y sus ideales quedaron en la conciencia del pueblo que aún no ha roto sus cadenas. Siguen ahí brillando bajo el amplio firmamento colombiano.

1. La revuelta del 20 de julio de 1810: Un nuevo intento por hallar la libertad y la justicia social, se sucede 29 años después de la revuelta de los comuneros. Armados de más motivos, ante la infamia del peninsular los criollos armados de valor se disponen a luchar o morir. Y aunque no tienen muy claro los alcances políticos, sienten que la copa de la discriminación, el desprecio y la explotación hacia el neogranadino se rebosa. Se hace insoportable e indigna. He ahí, que el 20 de julio de 1810 es una efeméride de singular valor, para el pueblo que hoy tiene el reto de luchar por una segunda y definitiva independencia del imperialismo que encarna los Estados Unidos. Esta nueva manifestación del pueblo muestra que se puede, se puede. Además, que los tiranos son efímeros, los pueblos eternos.

Pero, ¿Qué fue lo que pasó exactamente ese 20 de julio de 1810? No sobra el relato episódico del suceso por cuanto eso ayuda a comprender el presente y proyectar con seguridad el futuro. Claro, no podemos proyectarnos sin entender el presente y conocer el pasado. He ahí la riqueza de conocer la historia, el pasado.

El suceso coloca en evidencia la lucha de clases. La resistencia popular del pueblo neogranadino vilmente explotado por la garra del invasor peninsular. Es la expresión diáfana de un pueblo que está dispuesto a romper las cadenas de la opresión y la represión de la burguesía que abusivamente se ha parapetado en el poder única y exclusivamente para satisfacer sus intereses de clase, en detrimento de los intereses de clase del pueblo. La revuelta del 20 de julio de 1810 es la respuesta popular, la respuesta digna y patriótica de las mayorías populares.

Según el calendario era el día de Santa Librada. Los criollos que se habían reunido la noche anterior consideraban que la copa esta rebosada. La violencia como se había tratado la protesta de los comuneros del Socorro, el desprecio por los neogranadinos, (Criollos) y el fuerte rumor de que próximamente serían ajusticiados 19 dirigentes criollos, no dejaba otra alternativa que actuar con prontitud.

En esa reunión, cuyo anfitrión fue Francisco José de Caldas, (El sabio Caldas), se hicieron presentes entre otros: Camilo Torres, Ignacio Herrera, Manuel Pombo, José María Carbonel, Joaquín Camacho y José Acevedo y Gómez. Josefa Acevedo de Gómez, hija de José Acevedo y Gómez, retrata la histórica reunión, así: “El fogoso Carbonel quería un golpe atrevido; Lozano ha aconsejado proposiciones al Virrey; Torres quiere que se pida terminantes y prontas explicaciones al gobierno español; Herrera aconsejaba una asonada ruidosa que intimidase a los gobernantes y que en caso de caer la sangre de éstos, se mirase este hecho como un castigo ejemplar y una justa venganza; Benítez quiere que se indague con más atención la opinión pública, y no falta quien aconseje un sangriento atentado. En fin, casi todos hemos discordado en los medios, pero nuestro objetivo es el mismo”. [1]

Para ese día se esperaba la presencia del comisionado regio, Antonio Villavicencio, neogranadino que inspiraba esperanza entre la población santafereña, pues se asumía como un logro, una victoria a la imposición vertical y férrea de los “chapetones”.

Se consideraba la visita oportuna para crear la junta y así poner fin al dominio imperial del Virrey. Camilo Torres, habría dicho: “Todo está preparado, es necesario que la chispa incendiaria parta del vivac enemigo”. [2]

Mientras todo transcurría apacible, aquel viernes, día de mercado, el asesor del cabildo Joaquín Camacho, se dirigió a palacio, con la compleja misión de convencer al Virrey que permitiera la creación de la junta. La respuesta del gobernante fue tajante, cortante: ¡No! Pero, presintiendo alguna celada, convocó de inmediato a la Audiencia, los oidores le restaron importancia y así se lo hicieron saber. Incluso, el oidor Hernández de Alba, dijo: “Yo no veo esos peligros, la revolución que se teme está muy lejos. Los americanos son perros sin dientes, ladran pero no muerden”.

La plaza de mercado estaba atiborrada de público de todas las condiciones sociales. Mientras unos compraban sus alimentos, otros dialogaban sobre diversos temas de actualidad. Tal como había dicho Camilo Torres, se necesitaba una chispa, ésta se presentó a las 11:30 de la mañana en la tienda del arrogante español González Llorente, situada en una de las esquinas de la plaza. A ella llegaron: Luis Rubio, Francisco Morales y sus dos hijos de éste último, con el fin de solicitar prestado un florero para adornar la bienvenida al comisionado Antonio Villavicencio.

La idea no era accidental e ingenua, por cuanto se sabía del desprecio que el “chapetón” sentía hacia los neogranadinos. La respuesta altanera y agresiva de alguna manera era esperada: “Me cago en Villavicencio y en todos los americanos”, dijo. La respuesta causó indignación. Antonio Morales, saltó por encima del mostrador golpeando al “chapetón” con una vara de medir. Los otros salieron a la calle dando gritos y repitiendo las palabras del “Chapetón”. La muchedumbre se congregó al instante exigiendo castigo ejemplar. Aterrado, como pudo, González Llorente escapó y se refugió en casa de Lorenzo Marroquín. Permaneció allí varias horas recuperándose de los golpes recibidos y después quiso regresar a su casa, disfrazado en un coche de manos, pero fue descubierto por un muchacho quien dio la voz de alerta a gritos.

Curioso y revolucionarios se congregaron en los alrededores de la casa de González Llorente, exigiendo castigo por el agravio recibido. El alcalde José Miguel Pey intervino para salvarle la vida. Calmó a la muchedumbre con la promesa que el sujeto invasor sería conducido a la cárcel.

El pueblo era una masa hirviente, convulsiva, llena de motivos y razones que desfogaba con ímpetu desbordante, apocalíptico. Quizás el cuerdo del momento era José María Carbonel, pero resultaba impotente para orientar el histórico levantamiento. De las entrañas de aquella masa violenta y agresiva, surgió la idea de detener a los tristes célebres regidores: Ramón de la Infiesta y José Trillo. A las voces de “¡Abajo los chapetones!” fueron, los detuvieron y los metieron a la cárcel.

A las cinco de la tarde, las calles eran hervideros de gentes que iban en todas direcciones; algunos ya iban armados de piedras, palos, cuchillos y sables. Las campanas repicaban a vuelo. La furia popular, tantas veces reprimida, iba en todas direcciones como un cataclismo demoledor e inexorable. La muchedumbre comenzó a pedir las cabezas de los fiscales: Hernández de Alba y Diego Frías, pero los muy cobardes pagaban escondites a peso.

De entre la tempestad popular comenzó a tomar fuerza la iniciativa de ¡Cabildo! ¡Junta! La petición fue en aumento. José Acevedo y Gómez recordaría después en una carta que viendo tal conmoción, desde el balcón de su casa, se trasladó al cabildo, encontrando a varios ediles. Sin esperar, alcanzó el balcón y dirigiéndose al enrarecido gentío dijo con esmerada elocuencia: “Si perdéis este momento de efervescencia y de calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: Ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan”.

Aterrado y a toda prisa el cabildo creó varias comisiones para convencer al Virrey de la necesidad de crear la Junta. Primero fue comisionado el teniente coronel José Moledo, después el procurador Ignacio Herrera, pero siempre la respuesta fue la misma: No.

En un nuevo intento, fue creada otra comisión, la cual estuvo integrada, entre otros, por las siguientes personalidades: Benedicto Salgar, José María Carbonel, Antonio Malo, Salvador Cancino y, contando también con la presencia del oidor Juan Jurado. Después de una agria discusión el Virrey aceptó. El consejo del oidor Jurado al Virrey, fue claro: “Conceda Vuestra Excelencia cuanto pida el pueblo, si quiere salvar su vida y sus intereses”. [3]

Se integró la junta de Santafé, quedando de esta manera: Frutos Joaquín Gutiérrez, Emigdio Benítez, Camilo Torres, Ignacio Herrera, Joaquín Camacho, José Miguel Pey, José Acevedo y Gómez, Juan Bautista Pey, José Sanz de Santamaría, Manuel Pombo, Luis Caicedo y Flórez, Miguel Pombo, Francisco Morales, Juan Gómez, Luis Azuola, Manuel Álvarez, el capitán Antonio Baraya, el teniente coronel Moledo, el padre Diego Padilla, Sinforoso Mutis, Francisco Serrano, Martín París, Antonio Morales y Nicolás Mauricio Umaña. También fueron convocadas las autoridades de los colegios mayores, la jerarquía eclesiástica y vecinos distinguidos de la comarca. El oidor Juan Jurado asistió en representación del Virrey, quien se excusó argumentando dolencias físicas.

Las facultades concedías al oidor Jurado por parte del Virrey fueron muy limitadas, por lo que se decidió hacer una comisión para que el monarca las ampliara. Así se hizo a regañadientes. La asamblea comenzó sus deliberaciones, mientras afuera, en la plaza, por lo menos nueve mil personas esperaban el desarrollo de ésta.

La Junta discurrió con la exposición de las circunstancias que se vivían tanto en España como en las colonias americanas. También se estudió la noticia sobre la creación de la junta de Socorro. Camilo Torres expuso el contenido del documento elaborado por él llamado “Memorial de Agravios”. Como la reunión se alargaba sin tomar decisiones concretas, se decidió calificar de traidor el que se retirara de la asamblea. Cuando se propuso conformar la Junta, hubo quienes propusieron de presidente al Virrey Amar y Borbón, lo cual generó desconcierto en un amplio sector de la magna asamblea.

A las 3:30 de la mañana del nuevo día, una Nueva Junta pasó por los aposentos privados del Virrey para consultar su aprobación de la presidencia de la Junta. Su conocimiento dio paso a la formalización de un nuevo gobierno. La sesión concluyó a las cinco de la mañana con el juramento solemne de todos los presentes.

El Diario político de Santafé, reseñaría el suceso en los términos siguientes: “Cómo imaginar que los distintos cuerpos juraran de rodillas ante una junta compuesta por americanos. Sin que lo entendiera por completo, el mismo Virrey Amar y Borbón había aceptado y contribuido a su deposición. Ya no sería más Virrey del Nuevo Reino de Granada”.

Por supuesto, el autor de esta nota desconocía de lo que es capaz el pueblo cuando se organiza y decide defender sus intereses de clase. Nunca entendió la lucha de clases, tampoco el formidable papel del pueblo concientizado y actuando autónomamente. ¡Solo tuvo tiempo para asombrarse!

2. Campaña libertadora admirable del General Simón Bolívar: Continúa la obra de los comuneros y luego, la revuelta popular del 20 de julio de 1810, el generalísimo Simón Bolívar. Su obra magistral y revolucionaria pondría fin al malvado imperio español, una vez cae esta potencia también en desgracia. Bolívar y su proyecto político tienen la capacidad visionaria de advertir el surgimiento del nuevo y malvado imperio de los Estados Unidos. Imperio que abrazó Francisco de Paula Santander en un acto de suprema pusilanimidad y antipatriotismo desde un principio.

En diversos momentos de su heroica lucha, el libertador arremete contra la miserable y tempranera intromisión de los Estados Unidos en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Actitud que contrastaba abiertamente con el pensamiento de Santander, quien era hondo e incondicional admirador de éste.

“Mientras Santander estallaba en éxtasis ante sus “hermanos mayores” del Norte, en quienes veía “una alegría brillante: el águila de las armas de los Estados Unidos sentada sobre los cuernos de la abundancia; el gozo del libertador tiene una connotación radicalmente contraria: “Me alegro también mucho de que los Estados Unidos no entren en la federación”, escribe Bolívar en carta a Santander desde Potosí, el 27 de octubre de 1825.[4]

Sin ambages, el libertador desenmascara los intereses imperiales, tanto de Estados Unidos como de Inglaterra. Dice en carta dirigida a Santander desde Chancay, el 10 de mayo de 1824: “Los (norte) americanos e ingleses son nuestros enemigos, pero neutrales (subraya Bolívar): La cuenta no es igual. Siempre los tiranos se han unido y los libres jamás. ¡Desgraciada condición humana!”[5]

No obstante, es más contundente y antiimperialista Bolívar, cuando dirige carta a Patricio Campbell, desde Guayaquil el 5 de agosto de 1829, en uno de los acápites, señala: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”. [6]

Con razón afirmara el eximio escritor brasileño Paulo Mendes Campo, al referirse a la validez del pensamiento del libertador: “Fue un revolucionario de la cabeza a los pies. En un continente de héroes rudos, poseía una inteligencia clara, alta, segura. Conoció mejor que nadie la geografía social y física de nuestra América”. [7]

La unidad latinoamericana, dejando por fuera de ella a los Estados Unidos, era prioridad del general Simón Bolívar. Quizás pasa a la historia como el primer internacionalista tanto del siglo XIX como del siglo XX, tal como lo afirma el historiador alemán Gerhard Masur cuando dice: “El siglo de Bolívar pensó en términos de naciones y nacionalidades, pero Bolívar no creía que el concepto nacional fuese el último paso en el desarrollo histórico. Pensaba en continentes: y aunque por cronología externa pertenecía al siglo XIX, por cronología interna es ciudadano del siglo XX”. [8]

El magno congreso de Panamá fracasa por la intromisión directa de los Estados Unidos y se da ésta por la acción directa de Francisco de Paula Santander, el gran traidor. “Mientras el Libertador quiere que el Congreso produzca una alianza hispanoamericana homogénea y eficaz, Santander demanda del congreso del Istmo “medidas que hagan eficaz la declaración de Monroe”. [9]

La unidad hispanoamericana no era un prurito de Bolívar, era una razón suprema que argumento con claridad meridiana. Al respecto, escribe Juvenal Herrera Torres: “Bolívar lo había advertido en todas las formas que la unidad de las nuevas naciones hispanoamericanas era posible, necesaria y vital, porque tenían una historia común, porque eran de un mismo origen, una misma cultura, una misma religión y un mismo enemigo. Nunca preconizó la unión con los Estados Unidos de Norteamérica, porque era más fácil, decía él, imponer el Corán como texto de religión a los católicos, que asimilar dos estados tan diferentes como el anglosajón americano y el americano español”. Agregaría el héroe cubano José Martí: “Si dos naciones no tienen intereses comunes, no pueden juntarse, si se juntan, chocan”. [10]

En verdad resulta una osadía escribir sobre Bolívar y, sobre todo, de su proyecto libertador cuya obra magna está ahí para que los pueblos del siglo XXI y sus líderes consecuentes lo hagan realidad. Y a fe que se viene dando, donde desafortunadamente las únicas vergüenzas son Colombia y Perú, gracias a sus gobernantes pro imperialistas y sátrapas que buscan el interés burgués en detrimento del interés de los pueblos.

Los procesos democráticos que hoy se suscitan en América Latina, los vientos frescos de cambio hacia la izquierda, tienen su fundamento histórico, no están en el aire; es por ello que el comandante Hugo Chávez Frías, se declara bolivariano y antiimperialista; mientras tanto el narco paramilitar Álvaro Uribe Vélez se declara santanderista y perro faldero de los Estados Unidos.

Simón Bolívar nació en Caracas, Venezuela, el 24 de julio de 1783 y murió en la Quinta de San Pedro Alejandrino, Santa Marta, Colombia, el 17 de diciembre de 1830. Era adinerado y hacia parte de una familia prestante. No obstante, toda su vida la dedica a la lucha contra el infame poder invasor del español, logrando coronar su obra con increíble constancia y heroísmo, para lo cual invirtió toda su fortuna sin medir consecuencia. Bolívar muere en la indigencia y acosado por el enemigo número uno: Santander y su proyecto imperialista norteamericano.

Fue el primer presidente de la república neogranadina (Colombia) y libertador de varios países. Huérfano muy niño, quedó al cuidado de su familia, que se preocupó por brindarle la mejor educación del momento. Rebelde e inquieto durante su infancia, mostró dotes de líder desde un momento. Su profesor estrella y comprometido también con la libertad de América, Simón Rodríguez, jugó papel preponderante en su formación intelectual, ideológica y política.

Tuvo la fortuna de estudiar a Juan Jacobo Rousseau y los enciclopedistas franceses en España; viajó por Europa ampliamente, teniendo la oportunidad de presenciar la coronación de Napoleón Bonaparte, lo que seguramente, le tuvo que impresionar mucho. Pudo constatar la decadencia de España, invadida por Francia.

Contrastó la vida europea con la peripecia de los americanos bajo el yugo español y en un acto de supremo compromiso social y político, en Roma, monte Sacro, exactamente, en compañía de su profesor Rodríguez, juró libertar a los pueblos americanos del yugo ibérico. Por eso, no fue indiferente a la Junta Patriótica de 1810. En compañía de Andrés Bello fue a Inglaterra en busca de respaldo para impedir el desembarco de los franceses; Bolívar se ve precisado a desplazarse a Curazao, al caer Venezuela nuevamente en manos de los españoles. Desde allí, organiza un desembarco en la Nueva Granada y después de varios encuentros con los ibéricos, logra volver a Caracas en octubre de 1813, donde es proclamado “Libertador”. Acosado por el enemigo él y su gobierno se ven precisados a salir nuevamente residenciándose en Jamaica, donde escribe la célebre Carta en la que explica y justifica las razones de la emancipación americana.

En medio de las dificultades regresa a la Nueva Granada y convoca el Congreso de Angostura, presentando el proyecto de constitución y la unidad de la Nueva Granada y Venezuela. Cumplido su cometido continúa con su admirable campaña libertadora cruzando la imponente cordillera de los Andes. La histórica Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819, le abre las puertas de Bogotá siendo recibido él y su ejército popular con entusiasmo desbordante, proclamando la gran república integrada por la Nueva Granada y Venezuela, siendo ungido primer presidente de la república.

Sin embargo, otras provincias del continente necesitan su presencia y así lo entiende. Perú luchaba por independizarse de la corona española. Incorporada la provincia de Quito a la Gran Colombia, el general Bolívar, se reúne con San Martín, en Guayaquil en 1822. El caudillo argentino depone sus interese personales a favor de Bolívar, quien entra a Lima, Perú, un año después. El Gran Sucre triunfa en la batalla de Ayacucho, batalla de la cual hizo parte el chaparraluno, José María Melo; y él mismo puso término a la dominación española en la batalla de Junín en 1824.

De esta manera, el Alto Perú quedó constituido en república, que tomó en honor del libertador, el nombre de Bolivia. De regreso a Colombia, 1827, Bolívar habría de asistir a la guerra civil, desatada por el cicatero Santander y orientada por los Estados Unidos, produciéndose la separación de Venezuela de la Nueva Granada, en 1829. Por su parte el Perú, abolió la constitución bolivariana y la provincia de Quito se constituyó en república independiente.

La obra del libertador, forjada con tanto esmero y heroísmo se iba a pique, se desbarataba y la presión de la burguesía liderada por Santander y los Estados Unidos, le hacía la vida imposible a Bolívar. Soportó varios atentados, seguramente con el aval de Santander, no obstante, muere predicando la unidad de América, desde Méjico hasta Cabo de Hornos. “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. ¡Qué propósito más noble!

Con razón dice José Martí: “Lo que no hizo Bolívar, aún está por hacer”. Es indudable.

Pablo Neruda, eximio poeta chileno, premio Nóbel de literatura, concedido el 21 de octubre de 1971, comunista integral, amigo de Salvador Allende, presidente de la Unidad Popular, víctima de golpe de Estado, orientado por la CIA, organismo criminal de los Estados Unidos, escribe diversos poemas dedicados al libertador Bolívar. Uno de ellos, es el siguiente:

Un canto para Bolívar

Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire

De toda nuestra extensa latitud silenciosa,

Todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:

Tu apellido la caña levanta a la dulzura,

El estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,

El pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,

La patata, el salitre, las sombras especiales,

Las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,

Todo lo nuestro viene de tu vida apagada,

Tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,

Tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadáver de capitán valiente

Ha extendido en lo inmenso su metálica forma,

De pronto salen dedos tuyos entre la nieve

Y el austral pescador saca a la luz de pronto

Tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

¿De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?

Roja será la rosa que recuerde tu paso.

¿Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?

Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.

¿Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?

Es roja la semilla de tu corazón vivo.

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.

Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,

Y otras más, hasta el fondo del continente oscuro.

Y otra mano que tú no conociste entonces

Viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:

De Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,

De la cárcel, del aire, de los muertos de España

Llega esta mano roja que es hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca

Grita libertad, donde un oído escucha,

Donde un soldado rojo rompe una frente parda,

Donde un laurel de libres brota, donde una nueva

Bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,

Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.

Otra vez entre pólvora y humo espada está naciendo.

Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.

Los malvados atacan tu semilla de nuevo,

Clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,

El laurel y la luz de tu ejército rojo

A través de la noche de América con tu mirada mira.

Tus ojos que vigilan más allá de los mares,

Más allá de los pueblos oprimidos y heridos,

Más allá de las negras ciudades incendiadas,

Tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:

Tu ejército defiende las banderas sagradas:

La Libertad sacude las campanas sangrientas,

Y un sonido terrible de dolores precede

La aurora enrojecida por la sangre del hombre.

Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.

La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,

De nuestra joven sangre venida de tu sangre

Saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocía a Bolívar una mañana larga,

En Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,

Padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres?

Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:

“Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”. [11]

3. Surgimiento y desarrollo del Partido Comunista Colombiano: El partido comunista colombiano no nace o aparece de la nada, tampoco es fruto de la “genialidad” de una persona o de un grupo de personas que encerradas en espaciosa oficina concibieron la idea y la desarrollaron plácidamente, como quizás algunos “comunistas” consideran hoy que la revolución se puede desarrollar y hacer en alfombrada, mullida y apacible agencia, exclusivamente.

Nada de eso. El partido comunista es producto de la lucha popular, del desarrollo de la clase obrera, sus luchas, sus movilizaciones, sus anhelos y los sueños objetivos de justicia, teniendo como base de lucha el método marxista – leninista, la ciencia y la conciencia, tanto social como de clase.

Su historia es amplia, profundamente antiimperialista, antimonopolista y antilatifundista, pletórica de heroísmo y conciencia social y de clase. Hace parte del pueblo colombiano, encarna los intereses de éste y se prodiga por los cambios de fondo y estructurales. No pertenece a una “izquierda Light”, pertenece a una izquierda radical, comprometida con el proletariado hasta los tuétanos y sin ambigüedades, por eso nos tildan de la peor manera, incluso, sectores que se proclaman de “izquierda”. Dicen que somos sectarios, anacrónicos, pasados de moda, mamertos, stalinistas, etc. Nada de eso. Somos comunistas, consecuentes con los intereses del pueblo colombiano, consecuentes con sus diversas formas de lucha y resistencia popular, consecuentes con sus sueños, consecuentes con el socialismo.

El partido nace de las entrañas del pueblo, es pueblo por antonomasia, que se muestra desde un principio antiimperialista. ¿Cuál es la realidad histórica de la fundación del partido? ¿Cómo era Colombia en ese entonces? ¿Cómo pensaban y actuaban sus dirigentes? Sobre todo que antes de comunismo en Colombia hubo anticomunismo, porque los señoritos de la burguesía que tienen el privilegio de viajar por el planeta se dan cuenta de esas ideas y atemorizados hacen su tarea, sin tener el pueblo pleno conocimiento del pensamiento comunista.

Desde 1867, la clase dirigente nacional se opuso a los intereses imperiales de los Estados Unidos de construir para sus intereses el canal interoceánico en territorio panameño. El senado se opuso a la firma del leonino tratado “Herrán – Hay”, los Estados Unidos estimuló la separación de esta provincia de Colombia en 1903, con el propósito de concretar su sueño imperial, y a fe que la coartada se le dio porque el presidente norteamericano, Teodoro Roosevelt logró que el naciente gobierno panameño firmara el tratado “Hay – Bunau Varilla”, el dos de diciembre de 1903, con la promesa de que los Estados Unidos protegería su separación de la posible reacción de Colombia.

Sobre los intereses imperialistas de los norteamericanos, el periódico “El Porvenir”, escribiría en Bogotá, en la edición del 28 de marzo de 1903: “Esta aprobación en bloque, sugiere, prima facie, que el tratado en referencia es en gran manera favorable a las pretensiones imperialistas de la República del Norte, tales como deben serlo según las doctrinas del predominio americano y del destino manifiesto…”[12]

Sin embargo, el “Nuevo Tiempo”, del 25 de septiembre de 1902, previno el desenlace fatal de la separación de Panamá por la acción perversa de los Estados Unidos: “No cabe ya duda alguna sobre la franca y manifiesta tendencia de la política norteamericana que no es sino de absorción territorial. Panamá se independizará de Colombia, lo veremos”.

Una vez la separación de Panamá, el tres de noviembre de 1903, se creó un movimiento de protesta contra la abierta intervención de los Estados Unidos en los asuntos internos de Colombia: Las organizaciones mutualistas, juntas de vecinos y personalidades tomaron parte en la protesta y exigieron al gobierno de Marroquín, tomar medidas en defensa de la integridad nacional. Se crearon comisiones de finanzas. Hubo movimiento popular, pero no lo suficientemente organizado. Al requerimiento formulado al presidente Marroquín, su respuesta es cínica, irónica y antipatriótica: “¿Qué más me pueden solicitar? Me entregan un país y yo les devuelvo dos”.

El desarrollo del régimen capitalista iba tomando impulso a medida que transcurría el siglo XX, sobre todo la expansión cafetera, vías de comunicación, la explotación minera, especialmente la industria petrolífera, el aumento de manufactura, el sistema de transporte y la proliferación de fábricas. De este proceso, vale tener en cuenta para el análisis del partido comunista, el surgimiento del proletariado “como clase claramente diferenciada no solamente con respecto a sus explotadores sino también en relación a la masa general de los trabajadores”, afirma Medófilo Medina. [13]

“En conclusión, dice Medófilo Medina, hacia 1925 el proletariado colombiano se encontraba remontando la etapa de su primera formación, configurándose así la premisa más importante de la afirmación del socialismo en el país tanto ideológica como orgánicamente a través de un partido de la clase obrera”.[14]

Desde la perspectiva política, los antecedentes de la fundación del partido por parte de la clase obrera, habría que buscarlos en la actividad de los artesanos en el siglo XIX. Urrutia Montoya, escribe: “Aunque no estrictamente sindicatos gremiales, estas sociedades fueron el primer intento histórico de organización de los trabajadores para defender intereses comunes”. [15]

“Entre 1849 y 1852 los artesanos fueron la base social de sustentación del régimen liberal de José Hilario López y factor dinámico en las reformas adoptadas bajo este gobierno”, señala Medófilo Medina. Tímidamente, se presentan las primeras acciones huelguísticas en ferrocarriles y entre los trabajadores que adelantaban la construcción del canal de Panamá por los franceses, pero casi que en forma aislada y sin mucha proyección política. Sin embargo, después de 1910 los obreros se van metiendo más de lleno en los movimientos huelguísticos y estos son mucho más estructurados. En febrero de este año, se lleva a cabo huelga de braceros de los puertos desde Calamar hasta Barranquilla, con una duración de seis días, es decir, del 17 al 22. Se peleó en esta oportunidad por el alza de salarios. Dicha movilización tuvo dos características fundamentales: 1. El enfrentamiento violento de los trabajadores con los esquiroles; 2. La potencialidad de un conflicto para desencadenar otros. Los huelguistas consiguieron aumento del 30%, según el camarada Ignacio Torres Giraldo.

En Cartagena de Indias aparece en diciembre de 1910 un semanario llamado “El Comunista”, anunciando la creación de un partido obrero, basado en los siguientes principios: 1. El anticlericalismo militante; 2. La lucha por una democracia verdadera; 3. La búsqueda de un Socialismo que cumpla “la ley por igual, sin beneficios para unos y sin perjuicios para otros”.[16]

En Barranquilla, aparece en 1912, el periódico llamado “El Obrero”, el que propagaba los principios de un socialismo que abogaba confusamente por “la legítima emancipación de los hijos del trabajo”. Dice Medófilo Medina: “Defendía la lucha por la paz en términos que evocan una cierta influencia del socialista francés Jean Jaures. Igualmente este periódico desarrolla una orientación agudamente anticlerical y se muestra activo partidario del proteccionismo aduanero. Cuando este periódico reaparece nuevamente en 1914, entre sus artículos llama la atención un escrito por Tomás Cerón Camargo sobre el anarcosindicalismo. Los comentarios del articulista denotan un cierto conocimiento de los principios de esa tendencia ideológica. Se critica especialmente el abandono de la lucha política por parte de los anarcosindicalistas: “Frente al gobierno, escribe Cerón, lo ignoran confiados solamente en el genio del sindicalismo para convencer a las masas lo suficiente para quitar al gobierno fuerza y poder y obtener sus propósitos por medio de una revolución incruenta”. Era esta una expresión temprana de la lucha ideológica en el seno del movimiento obrero”.[17]

En diciembre de 1915, un grupo de obreros decide fundar un partido que se identifique y represente los intereses de la clase obrera. Para el efecto, se crea una junta organizadora que tiene la tarea de elaborar el proyecto de programa y de estatutos. Apartes del manifiesto, son los siguientes: “Nos vemos impelidos a llamaros para que hoy, deponiendo las pasiones políticas partidarias, que han sido nuestra ruina, envilecimiento y escarnio, nos congreguemos para formar el Partido Obrero, único capaz de sacar avante los intereses del proletariado. Convencidos estamos de que no existen partidos honrados, sino que la humanidad solo se divide en dos clases: La una trabaja y sufre hambre y miseria; la otra que consume y no produce”.[18] Dicho llamamiento estaba respaldado por 600 firmas.

Era un esfuerzo más de los artesanos. Sin embargo, en el programa hay latente el rechazo a la política, la propuesta de no volver a las urnas, porque consideraban que la política solo se expresaba en el bipartidismo y tal no representaba los intereses reales del proletariado. En cierta manera era una forma de aceptar que todavía vibraba en sus conciencias la política liberal y conservadora.

Otro hecho previo a la fundación del partido comunista, es la celebración del primero de mayo, día internacional de la clase obrera. Solo después de 1914, se comenzó a celebrar públicamente. En este año se llevó a cabo en Bogotá una gran manifestación; incluso, se levantó un modesto monumento en homenaje a los héroes del trabajo. Se hizo llegar una carta al gobierno firmada por trescientas personas en la que se protestaba por las trabas del gobierno para la celebración de esta efeméride. El camarada periodista, Luis Tejada, escribía: “Un ejército fuerte que avanzara a la conquista de una soñada y no lejana ciudad de prosperidad donde los ojos negros de los fusiles serán cegados por las uñas laboriosas de los arados de la paz”.[19]

A partir de enero de 1918 estalla huelgas en Colombia; la clase obrera de la costa Atlántica marcó la pauta. El tres de enero pararon los obreros del puerto de Barranquilla, arrancándoles a los patrones aumento salarial importante. El ocho de enero, fueron los braceros de Cartagena de Indias, fue una movilización violenta que incluyó ataques a almacenas y al comercio, arrojando como saldo trágico, el asesinato de dos civiles y un policía. Después fueron los ferroviarios en Santa Marta con igual intensidad y combatividad.

A mediados de enero de 1919, se realiza en Bogotá asamblea general obrera, a la que acuden delegados de más de 20 asociaciones y gremios, pronunciándose ésta por la abstención de los trabajadores en las elecciones de diputados que tendría lugar el tres de febrero de este año. Se aprobó también la plataforma socialista con miras a conformar un partido socialista.

Dicha plataforma fue publicada en el órgano informativo “Gaceta Republicana”, el 11 de febrero de 1919 y constaba de cinco puntos. Ellos dicen:

1. La organización obrera declara que debe ser “libre, independiente y sin compromisos con los partidos militantes, ni sectas religiosas, que su política es económica y social y que dentro de sus filas caben todos los ciudadanos de buena voluntad dispuestos a luchar en causa común por las reivindicaciones del proletariado;

2. Se proclamaron como lema del partido, los principios de libertad, igualdad y fraternidad;

3. Establece que el partido no busca la abolición del Estado, la propiedad y la sociedad, ni el capital pero sí persigue la abolición de los monopolios y de los privilegios que no sean concebidos por la naturaleza;

4. Busca la reforma del Estado y de la sociedad, la equidad entre el valor del trabajo y el interés del capital;

5. Recomienda como bases principales de la emancipación obrera, la instrucción y el ahorro.[20]

Quien lo creyera, pero en la cúspide del republicanismo se hablaba de la necesidad de un tercer partido, por eso, prestaron toda colaboración a los obreros empecinados en crearlo. No era gratuita la publicidad y difusión que hizo en esa dirección dicho medio de comunicación. De todas maneras, la asamblea general obrera creó una dirección de nueve miembros y convocó el primer congreso o convención socialista el siete de agosto de 1919. Pronto se dieron los primeros frutos orgánicos, pues se había producido la organización de zapateros, sastres, carpinteros, ebanistas, constructores, arquitectos prácticos, canteros y comerciantes.

La lucha política estuvo unida a la lucha de la clase obrera. Comenzando marzo de 1919, el presidente Marco Fidel Suárez, mediante decreto autoriza la compra de uniformes y botas militares en el extranjero, lo que produjo honda indignación en los artesanos, convocando la asamblea general obrera, la unión de acción social una protesta. Esta se realizó el 16 de marzo en Bogotá, con la presencia de tres mil personas, según medios de comunicación.

Dicha protesta fue reprimida violentamente por el presidente Suárez, produciéndose el asesinato de siete o diez huelguistas y por lo menos 15 heridos. [21] Finalmente, en mayo de 1919,

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