Posteado por: nelsonlombana | julio 13, 2010

La poesía de Paul Dakeyo denuncia la injusticia y llama a la reconciliación

La poesía de Paul Dakeyo denuncia la injusticia

Por Nelson Lombana Silva

La meca de la poesía a nivel mundial se concentra en estos días en la ciudad de la eterna primavera, Medellín, en el marco del XX festival internacional que convoca a cien poetas de 58 países de todos los continentes del 8 al 17 de julio.

Festival internacional fundado en abril de 1991, cuando esta ciudad capital del departamento de Antioquia era escenario del terrorismo de Estado y de su propio engendro, el paramilitarismo liado con el narcotráfico. Las bombas, el sicariato, la muerte, eran el pan diario de esta ubérrima región colombiana.   El proyecto de un grupo de quijotes, entre los que se cuenta un puñado de valientes comunistas, se cristalizó y el llamado a vivir y sentir la capacidad de asombro, se generalizó en todos los rincones de la extensa ciudad.

Por supuesto que no ha cesado la violencia, pues ésta es inherente al régimen capitalista; tampoco busca el festival alienar o enajenar y pretende minimizar la gravísima situación socio – económica que padece la ciudad y el país en su conjunto. Todo lo contrario. La poesía es vida, es rebeldía y esperanza en un sistema  distinto con verdadero rostro humano.

Decía el compañero Miguel Antonio Caro, eximio sindicalista comunista, en el reciente activo sindical nacional realizado en Ibagué, que el sindicalismo colombiano está sobrado en razones objetivas para su lucha, se hace necesario fortalecer las razones subjetivas, entre otras, la ideología de clase, la cual no se consigue de la noche a la mañana. La poesía ayuda a fortalecer esa parte subjetiva, hacerla sólida, fuerte y combativa, es decir, revolucionaria. Claro, la poesía humaniza. Socializa. Une los pueblos alrededor de ideales comunes.

La poesía está ligada al canto, hace parte activa de él. Es inherente. Su origen es popular y sirve para expresar los sentimientos más diversos y contradictorios del ser humano: El amor, la justicia, la libertad, la revolución, la naturaleza, el trabajo, las cosechas, los cambios estacionales, la vida, la muerte, la utopía, la denuncia, etc. Es arma revolucionaria más potente que las bombas made in USA.

De esa pléyade de poetas que visitan a Medellín, cuatro vienen a la ciudad musical de Colombia, Ibagué, los días 15 y 16 de julio. También fruto del esfuerzo de muchos comunistas y demócratas que sueñan con utopías posibles de realizar. Con su presencia se realizará el primer día a las tres de la tarde un taller en la biblioteca “Darío Echandía” y a las seis el recital será en el municipio de Cajamarca. Al otro día, el encuentro será a las seis de la tarde en las instalaciones del teatro “Tolima” con entrada libre y gratuita. Ellos son: Paul Dakeyo, república africana de Camerún; Luis Carlos Patraquim, república africana de Mozambique; Jean Jacques Sewanou – Dabla, república africana de Benin; Lucila Lema, república  latinoamericana de Ecuador.

Según los expertos o críticos de la literatura, la poesía de Paul Dakeyo denuncia la injusticia y el abuso de toda naturaleza o índole. A su vez, llama al mundo a reconciliarse consigo mismo, a tender a buscar un mundo más fraternal, justo y humano, donde la vida, la justicia y la equidad brillen con todo su esplendor al lado de la libertad.

Para la muestra un botón:

Dime


Qué triste desierto


Nos sitia


Ruido de pasos


Y ruido de armas


A lo largo de los días


A lo largo de las noches


Qué lágrimas nos arrullan


Qué sangre


Qué gritos


Detrás de las alambradas


A cada paso


Las botas


Sobre mi tierra


Dime


Cuántos niños muertos


En Soweto


Cuántos


Para enfrentar  Johannesburgo


Y sus morgues


Para enfrentar la tierra profunda


Y buscar la palabra


Y buscar los rostros


Y solo encontrar pálidas sombras


Encontrar sólo la muerte


Porque esos niños eran negros


Como en Sharperville


El hombre salió de la noche


Con sus innumerables manos


Con cien mil ladrillos


Justo en la precisa alba


Que martillea el tiempo


Como un tañido fúnebre


Con la sangre las lágrimas


Los muchos niños del país


El llanto el llanto el llanto


En la noche del silencio


La noche amarga


Y el instante nominal del holocausto


El fuego la sangre


Por todas partes


En las calles de Soweto


Donde el horizonte


Se viste de duelo


Y siembra el odio


Y la rabia


Porque esos niños eran negros


Porque esos niños eran negros


Quiero que me den un fusil


Para armar mi dolor


Quiero que me den la palabra


La flor el amor infinito


Y sobretodo


Haz que no escuche más


El llanto de los niños de Soweto


Haz que mi queja brote


De todas las alturas


Del mundo


Lejos del inmenso río


Del silencio


Lejos de la noche


Y de la sangre

Ibagué, julio 13 de 2010

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