Posteado por: nelsonlombana | septiembre 7, 2010

“Un hombre como Bolívar sigue viviendo”: William Ospina

Bolívar desnudo

Por Nelson Lombana Silva

Una vez tuve la fortuna de leer la obra de los camaradas Álvaro Vásquez del Real y Álvaro Oviedo Hernández: “Memoria y Luchas Sociales”, verdadero compendio de historia, lealtad y convicción ideológica y política a la causa noble del país nacional, del cual hablara Gaitán, y que las generaciones de ahora y del futuro están en la obligación histórica de re – crear con la utopía de no malograr tan heroico esfuerzo al igual de miles y miles de camaradas anónimos más, cae en mis manos la obra del escritor tolimense William Ospina, titulada: “En busca de Bolívar”. Se trata del mismo autor de el País de la Canela y la Franja Amarilla, entre otros textos publicados hasta ahora y que a pensar de muchos se catapulta al premio Nóbel de Literatura.

Ya había tenido la oportunidad de leer “El general en su laberinto” de Gabriel García Márquez, quien con su pluma maestra narra el último viaje del libertador, acosado por la enfermedad física, pero más que esa, la enfermedad mortal de la ingratitud y el personalismo desbordado y traidor de Santander, entregado de cuerpo completo a los Estados Unidos y a los poderosos económicos del momento. Cuenta Gabito los cinco años finales que la burguesía ha buscado por todos los medios tapar e ignorar, pues está allí, en esos últimos cinco años la dimensión política antiimperialista del libertador Simón Bolívar.

La exquisitez literaria de William Ospina, el manejo del idioma atrapa al lector desde el primer renglón y lo mantiene allí hasta cuando termina. Es una red imposible de salir sin antes no terminar la última palabra de la obra. Por supuesto, que el tema es subyugador de cabo a rabo, por donde se le mire. La obra es corta. William pasa por encima y toca diversos momentos del libertador casi que “a vuelo de mariposas amarillas”. Incluso, él mismo lo advierte cuando afirma: “Tratamos de encontrar a Bolívar y sentimos a veces que todo se nos queda por fuera”.[1]

La grandeza del libertador reside en su capacidad política y visionaria para desarrollar su proyecto libertador, su agudeza le permite interpretar el momento histórico para librar la batalla contra la ignominia del imperio ibérico. Dice William: “Bolívar no inventó el movimiento de independencia, éste estaba en marcha en todas partes cuando él se incorporó a la lucha”. [2]

Quizás sobre hablar de la valentía, el coraje y la decisión del Libertador para concretar tan singular anhelo, basta con dimensionar la persistencia, su férreo carácter para no ceder ni en los momentos más duros de la cruda derrota. Mientras huida por las agrestes montañas pensaba en voz alta cómo iba a reorganizar los Estados que se iban forjando poco a poco al calor de la lucha y el sacrificio, siendo considerado por muchos de loco y falso soñador, nos recuerda William Ospina en su novela de carácter histórico. “Hubo momentos en que la causa de la libertad estaba perdida. Y fue allí donde este soldado, que también era visionario y poeta, filósofo y caudillo, más de una vez hizo resurgir de la nada la llama de la historia”.[3]

Cuenta la obra el documento que Carlos Marx escribe sobre Bolívar. Semblanza que en nada favorece al libertador puesto que lo trata de ambicioso, aventurero y dictador cuando la historia se ha encargado de demostrar lo contrario. Comienza así el capítulo: “En 1858, con el encargo de escribir una nota biográfica para The New American Cyclopedia, Karl Marx prodigó de un modo misterioso toda clase de descalificaciones sobre los trabajos y los días de Simón Bolívar. Leer este texto todavía causa perplejidad”. [4]

Lo curioso es como termina este acápite: “El hecho era curioso, y el propio editor de la enciclopedia, Mr. Dana, le reclamó a Marx en su tiempo el haber incurrido en excesos reprochables en el tono mismo en que redactó su artículo, haber perdido el sentido de la objetividad, haber convertido el sentido de la objetividad, haber convertido un artículo académico en una invectiva política y en una apasionada descalificación moral”. [5]

Hechos nuevos y ya contados salen a flote en esta maravillosa novela que hay que leerla con la convicción de que cada capítulo hay que desarrollarlo y aplicar sus enseñanzas a la lucha revolucionaria que libra nuestro continente por una segunda y definitiva independencia, porque como dice Platón, el que lee y lee y no practica es como el que ara y ara pero nunca siembra.

Así comienza la obra literaria: “Bastó que muriera para que todos los odios se convirtieran en veneración, todas las calumnias en plegarias, todos sus hechos en leyenda. Muerto, ya no era un hombre sino un símbolo. La América Latina se apresuró a convertir en mármol aquella carne demasiado ardiente, y desde entonces no hubo plaza que no estuviera centrada por su imagen, civil y pensativa, o por su efigie ecuestre, alta sobre los Andes. Por fin en el mármol se resolvía lo que en la carne pareció siempre a punto de ocurrir: que el hombre y el caballo se fundieran en una sola cosa. Aquella existencia, breve como un meteoro, había iluminado el cielo de su tierra y lo había llenado no sólo de sobresaltos sino de sueños prodigiosos”…

Termina la obra de William Ospina, así: “Así que lo podemos dejar en cualquier parte; en cualquier momento de su vida, y también del futuro. Podemos dejarlo ahora en una calle cualquiera de nuestro convulsionado presente, dejarlo preguntándose si valió la pena el esfuerzo. Pero no, él no se preguntaría eso. Leería los periódicos, miraría esas pantallas que no se callan nunca, trataría de ver en qué estamos. Nunca se estuvo quieto, y no tenía vocación de estatua. Echará a andar por una calle de éstas, en Puerto Príncipe o en Lima, en Trujillo o la Habana, en Cali o en Caracas. Siempre está todo por hacer, la historia comienza cada día. Ya no es un militar ni es un político, es un hombre común, un ciudadano. El desafío ahora es otro, y grande. Y se va preguntándose solamente una cosa: por dónde comenzar de nuevo”.

Ibagué, septiembre 7 de 2010

[1] Página 223
[2] Página 165
[3] Página 165
[4] Página 157
[5] Página 159

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