Posteado por: nelsonlombana | septiembre 29, 2010

Sentido adiós a la camarada María Oliva le tributan el pueblo tolimense y el partido comunista

camarada María Oliva Campos Torres

Por Nelson Lombana Silva

El pueblo tolimense acompañó a la camarada María Oliva Campos Torres hasta su última morada el cementerio San Bonifacio, barrio Las Brisas de la ciudad de Ibagué. Hombres y mujeres venidos de diversos municipios del departamento e incluso, de otros departamentos llegaron para expresar la solidaridad a la familia Rojas y por supuesto, al partido comunista del Tolima, que pierde a un singular cuadro moldeado en la lucha y la resistencia durante más de 50 años.

Todos y todas querían expresar su dolor de las más diversas formas: discursos, poesía, canto, mensajes, gritos de unidad y resistencia se vivieron hacia las 11:30 cuando el cadáver lentamente ingresaba a la fosa número 118.

El mensaje enviado por el comité ejecutivo nacional de CENAPROV, dice: “Camarada Raúl Rojas: Reciba en nombre de todos y cada uno de los integrantes  del comité ejecutivo de la Central Nacional de Provivienda, CENAPROV y todos sus funcionarios, un fuerte abrazo y nuestras condolencias por el fallecimiento de su señora esposa, la Camarada María Oliva Campos. Rogamos por su fortaleza y aceptación de este hecho. Un saludo especial”.

Otro: “Querida Oliva: En este día tan especial, donde tú pasas al mundo espiritual, te deseo que tengas un paraíso eterno sin sufrimientos y una felicidad eterna”.

“Quiero darte las gracias por todo aquello que has contribuido para que seamos seres humanos  de mejor espiritualidad. En ese nuevo mundo encontrarás con tus seres queridos que por mucho tiempo han estado físicamente lejos de ti. Ellos te acogerán en sus manos con paz divina”.

“Gracias te doy por hacer de mi esposa la que hoy es. Gracias te doy por ayudar a Fadelly a encontrar la verdad del cariño que te tiene. Lamento no poder estar físicamente a tu lado, pero lo estoy espiritualmente. Que tu espíritu este lleno de felicidad, sabiduría y amor. Perdonar es una virtud divina, así que un gran beso de un ser quien también lucha en este mundo como tu lo hiciste. Tu yerno, Fernando”.

Francisco Barreto, miembro de la dirección regional del Partido Comunista de Huila, presentó un corto pero emotivo mensaje de solidaridad. Dijo:

“Reciban desde la dirección regional del partido comunista del Huila nuestro solidario saludo. Tener la fortaleza de venir a acompañar en este momento al amigo, al camarada, cuya esposa y compañera de tantos años, que fue también nuestra compañera, nuestro apoyo, nuestro refugio, hoy la dejamos en su última morada”.

“Y tendría que ser así porque nos cupo a nosotros la fortuna en el caso particular, de mi esposa y de mi familia, de ser compañeros aquí en Ibagué, durante muchos años de lucha. Por eso, agradecido también por las palabras de Nelson Lombana Silva, por las canciones y las palabras de muchos compañeros que aquí han estado”.

“Muchas gracias a todos por acompañar a este legendario hombre, un saludo de fraternidad, esperanza y solidario a toda la familia, a sus hijos y sus hijas, que fueron compañeros de esta familia en la lucha por una colombia mejor, luchando por la patria, luchando por la paz, en rechazo a una guerra que siempre los estuvo acechando, que siempre los acechó, que siempre los torturó”.

“Hay una familia en este país que ha sido víctima de la guerra, y esa ha sido justamente la familia Rojas González. Aquí los vemos y aquí tenemos a este hombre corajudo y a esta mujer que ahora despedimos para hacer un homenaje a esta familia, que fue ejemplo en cada uno de los sitios donde tuvo que ir perseguidos por el sistema, el imperio, por este capitalismo salvaje, pero siempre sin perder la esperanza en una patria mejor. Que el ejemplo de esta familia, compañeros y compañeras, sea nuestra fortaleza y nuestro sendero, nuestra luz para seguir luchando por una patria mejor, porque aún no se nos cierra los caminos de la vida y de la esperanza”.

El compañero Raúl Rojas González, intervino para recordar momentos inolvidables y de compromiso que sellaron con el matrimonio que se mantuvo firme por más de 48 años. Fue una intervención breve, pero muy emotiva:

“Quiero decirles a ustedes una anécdota que me dijo ella cuando nos encontramos hace 38 años, en que yo le decía que me gustaba ella y ella también me dijo: Me gusta usted. Pero, hay un problema, le dije, yo soy revolucionario, yo aspiro a que haya un cambio en esta patria a favor de los humildes, a favor de los desposeídos. Me dijo: Yo soy más revolucionaria que usted, eso me contestó”.

“Ese fue el primer compromiso. Quiero darle las gracias a Oliva, mi esposa, pero también a mis hijos, pero también al partido comunista, pero también a la Unión Patriótica, también a los jóvenes, a los trabajadores que nos han acompañado en esta batalla de ideas, en esta batalla por transformar la sociedad, porque en el futuro no hayan hambrientos, que en el futuro dirijan los trabajadores y defendamos y construyamos la democracia y el socialismo. Es la única salida que nos queda”.

“Yo le digo a María Oliva Campos: Gracias por todo lo que hizo, por todo el tiempo que nos acompañó, por todo lo que nos enseñó. Porque era una persona muy comprometida con la dignidad; nunca se vendió, a pesar de que le ofrecían plata, le ofrecían universidad para los hijos, le ofrecían trasladarla  a Europa con tal de que me acusara, con tal de que renunciara a estos ideales. Ella nunca echó pie a tras”.

“Cuando caí preso y duré más de 33 meses en la prisión, le dije: No vuelva, váyase a atender a sus hijos, porque yo entendía que no podía ayudarle estando preso. Ella me respondió: Mire, los años que dure en la cárcel, duraré acompañándolo. Eso me llenó de entusiasmo, de alegría, de amor y de firmeza para continuar adelante”.

“Y yo le digo a María Oliva: Que seré fiel a sus principios, a sus ideales, seguiremos adelante en la lucha por los cambios en este país. Agradezco a todos los presentes, al partido comunista y demás organizaciones que consignaron su nombre en las coronas. Muchas gracias para todos y las organizaciones que están aquí representadas. Muchas gracias”.

Por su parte, en nuestra condición de secretario general del partido comunista del Tolima y de la dirección departamental del Polo Democrático Alternativo y miembro del comité central del partido comunista, intervenimos en el tempo El Carmen intentando presentar una faceta de la personalidad de la camarada y expresando el saludo de solidaridad. Aunque el cura Raúl, no permitió terminar el mensaje, lo transcribimos aquí en su totalidad:

Camarada,

Raúl Rojas González,

Compañeras hijas,

Gloria, Luz Carime, Lilia Consuelo, Fadelly, Guerly Victoria;

Compañeros hijos: Alexander desaparecido por el régimen, Walter y Jairo, también asesinados por régimen por el simple pecado de pensar y soñar en un país justo y humano;

Doctora Jahel Quiroga Carrillo, directora REINICIAR

Distinguidos compañeras y compañeros miembros del Partido comunista, el Polo Democrático Alternativo,

Juventud Comunista colombiana, Juco,

Personalidades democráticas del Tolima presentes,

Mujeres, juventudes y adultos presentes,

Señoras y señores:

Bajo el peso de una profunda emoción propia del ser humano, despedimos a una mujer de pueblo, humilde y generosa, que enseñó más con el ejemplo que con la palabra la necesidad de construir un sistema distinto al capitalista basado en los valores éticos y humanistas; basados en la justicia social, en la paz y en la equidad, de tal manera que el alimento, el vestuario, la habitación, la salud, la educación, el deporte y el ambiente sano, sea para todos los 44 millones de colombianos y colombianas, sin privilegios de ninguna naturaleza.

En semejante utopía transcurrió su taciturna existencia, no teniendo tiempo para malgastarlo en banalidades de la puerca sociedad de consumo, porque la vida de la camarada María Oliva Campos Torres, natural de Tuluá, Valle, nacida el 25 de marzo de 1939, siendo sus progenitores: Aureliano Campos Aguiar  y María Del Carmen Torres Lizcano, estuvo pletórica de lucha, resistencia y rebeldía contra la oligarquía colombiana arropada en los partidos tradicionales y con el aval por supuesto del imperialismo norteamericano.

Desde muy joven abrazó con donaire las tesis de la izquierda, las interpretó, las desarrolló a su modo y murió con la certeza de que un país distinto al que nos pinta la burguesía es posible. Todo depende de la unidad, organización y acción de las masas populares e irredentas. La compañera María Oliva le indignaba la mendicidad y el empobrecimiento de miles y miles de compatriotas que no obstante tener que vender su fuerza de trabajo con heroísmo, terminan en los andenes, bajo los puentes, mitigando el hambre a punta de boxer, sicariando para sobrevivir, mientras una minoría asquerosa todo le sobra y pueden darse el lujo de comprar conciencias, comprar normas, comprar franquicias que les permita ser inmunes a la ley y a la justicia.

Todos esos vejámenes, propios del capitalismo, los rechazó la compañera con decisión y coraje, con carácter y con conciencia social y de clase. Bebió las fuentes diáfanas del marxismo – leninismo, interpretó la historia que oculta la academia y resistió la brutalidad del régimen sin hacer concesiones o renunciar a sus principios. Así lo dijo: “Lo que he sufrido al lado de Raúl no esta escrito, por lo que le ha hecho el sistema capitalista y por lo que me ha tocado hacer para ayudarlo a salir de las encrucijadas en que se ha encontrado por luchar por los más pobres y la lucha revolucionaria. Pero, no me arrepiento porque yo también estoy de acuerdo con esos ideales y esa ideología que profesa Raúl”.

En verdad digo ahora nuevamente las palabras del comandante cubano Fidel Castro: “Si la humanidad fuera más justa, erigiría más monumentos a los héroes del trabajo que a los héroes de la guerra. La camarada María Oliva Campos Torres fue una verdadera heroína del siglo XXI, para levantar sus hijos, acompañar a su esposo, a su partido comunista, al semanario VOZ La verdad del pueblo, la literatura socialista y participar de las diversas movilizaciones sin vacilaciones de ninguna naturaleza.

El primer trago amargo que tuvo que beber la compañera fue el asesinato cobarde de su hermano, Luis Alfonso Campos Torres, durante la dictadura del teniente – coronel, Gustavo Rojas Pinilla, en la matanza de 72 campesinos en la vereda Santodomingo, municipio de Chaparral en el año de 1956, ordenada por el coronel Villate y el cabo Ducón del batallón Caicedo con sede en Chaparral. Fue un duro golpe que fue incubando la inconformidad hacia el régimen.

Ayudaba al sustento económico de su familia con la costura, la artesanía, haciendo ramos con troqueles y haciendo arreglos para primeras comuniones, sin mucho estudio, pues había cursado solamente el tercero de bachillerato en el valle. Soñó con ser azafata.

Contrajo matrimonio con el compañero Raúl Rojas González, el 10 de marzo de 1962 en el municipio de Chaparral, Tolima, siendo sus padrinos Miguel Herrera y Ramona Avendaño, esta ceremonia fue presidida por el presbítero Darío Martínez Amariles. Duraron en esta población seis meses, el compañero Raúl trabajando como ecónomo del batallón. Luego, viajaron al municipio de Ambalema. De allí, salieron para Puerto Saldaña, municipio de Rioblanco, desempeñándose ambos como docentes. De allí, esta pareja tuvo que salir desplazada por las amenazas de los militares ante las denuncias que hacia el compañero Raúl de las arbitrariedades de éstos. Volvieron al municipio de Ambalema a desempeñar la misma actividad.

En períodos de vacaciones viajaban a Chaparral a visitar a sus familiares y amigos. En una de esas visitas, militares adscritos al batallón Caicedo atacaron la casa de los padres del compañero Raúl, matando a un hermano de Raúl, un trabajador e hiriendo gravemente al compañero Raúl, perdiendo una vista y fractura de una de sus extremidades inferiores. A la mamá la trajeron detenida y unas muchachas que estaban allí, presentándolas – como siempre – a los medios de comunicación como subversivas. Al otro día se demostró que eran estudiantes del colegio de Chaparral que estaban paseando y la mamá del compañero Raúl nada tenía que ver con la subversión. Es lo que hoy está dolorosamente de “moda” con el nombre genérico de “Falsos positivos”.

Ante este monstruoso hecho, la compañera María Oliva viajó de inmediato al sitio, pero no pudo de llegar porque los comunistas de la zona la aconsejaron no ir. El rumor que todos estaban muertos la hizo regresar. Se entrevistó con el abogado Humberto Oviedo Hernández, quien la acompañó al batallón, donde los “gorilas” festejaban la operación. La noticia de los militares es que todos están muertos y en horas de la tarde serán traídos al batallón. Con el dolor en el alma, la compañera María Oliva selecciona el número de ataúdes incluyendo el de su esposo. La espera es larga. Angustiante. La noticia se riega como pólvora por la comarca en minutos. La compañera no se está quieta va y viene al batallón. Es víctima de insultos, burlas y bromas obscenas, pero no claudica, se mantiene firme. Espera. Raúl llega agonizante, pero vive. Se prodiga a fondo, con la comida y las atenciones en medio de la adversidad y hostilidad militarista. Es llevado a la clínica Tolima y de allí para la cárcel donde el régimen lo retiene por espacio de 33 meses, saliendo libre el 24 de diciembre de 1968.

La compañera no hace pausa. Está pendiente de sus hijos, pero también de su esposo. No claudica por nada del mundo. Enfrenta con dignidad la jauría de militares que se ríen de ella, le hacen mofa, propuestas indecentes, le revuelcan la comida, le hacen dar vueltas innecesarias, esperas eternas, pero ella, no da el brazo a torcer. Insiste. Persiste como firme revolucionaria. No dudó en renunciar al magisterio para cuidar a su esposo. “Usted es la moza de Tirofijo”, dice un comandante del ejército. Otro le dice: “Harto le dije a Raúl que no se metiera en esos problemas”. María Oliva hace caso omiso. Insiste.

Las amenazas constantes y evidentes llevan a un nuevo desplazamiento, ahora, hacia Ibagué, el cual se produce el 18 de febrero de 1993.  Ya le habían desaparecido a un hijo, Alexander que tenía para entonces aproximadamente catorce años, joven compañero que sigue desaparecido; allí, también le habían asesinado al otro hijo: Walter. Más tarde, perdería a otro de sus hijos: Jairo, asesinado por los militares en Planadas, Tolima. A pesar de ese calvario de madre y de esposa, jamás renunció María Oliva a la lucha revolucionaria y a la utopía de un país socialista. Se mantuvo firme como el roble.

Comenzó a vender el semanario Voz cuando se llamaba Voz Proletaria y costaba 50 pesos. Llegó a vender 350 números cada ocho días en el cañón de las hermosas, el limón, la marina y el municipio de Rioblanco. Eran muy frecuentes las brigadas con todos sus hijos, los pioneritos y camaradas de Chaparral. Recibió orientación de los camaradas de la talla de Gilberto Vieira, Chucho Villegas, Álvaro Vásquez del Real, Carlos Romero cuando era comunista, Criales de la Rosa, entre otros.

Cuando se enteró que el camarada Raúl Rojas había sido tenido por los militares en Cali, Valle, la compañera María Oliva, se armó de un memorial de 300 firmas y con sus hijas pequeñas viajó y luchó y luchó hasta que fue puesto en libertad. Recordaba una de las frases que le dijo arrogante un militar de esta guarnición: “Señora, dígale a su marido que deje ese cuento de uno para todos y todos para uno”.

El 12 de febrero de 2001, fue allanada su modesta casa por unidades del gaula y la fiscalía 18, siendo detenida, esposada y llevada a la cárcel en medio de un burdo y cinematográfico operativo sindicada infamemente de rebelión. La sindicaron en esa oportunidad de tener relaciones directas con las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, FARC – EP, de dar posada, alimentación y logística a este movimiento subversivo. Eso le representa cuatro meses en las mazmorras del régimen. La defensa estuvo a cargo del penalista Rafael Aguja Sanabria. La presión popular y la movilización hicieron que la camarada volviera a la libertad, continuando la lucha sin claudicar.

Esa es la compañera que se ha marchado a la eternidad y que ahora descansa plácidamente en este catafalco. Una mujer íntegra, humana, una mujer de principios y de responsabilidad. “La muerte de un semejante, dice John Dalton, me disminuye porque estoy atado a la humanidad”. Siento tristeza por esa realidad, pero a su vez, orgullo por haber tenido un tiempo de compartir con la insigne camarada, aprender tantas cosas, como la lealtad a una causa y a unos principios ideológicos justos y humanos. Aprender a amar. Aprender a indignarse ante tanta injusticia, tanta infamia, tanta corrupción, tanta mentira, tanta calumnia que es propia del régimen capitalista.

María Oliva Campos Torres, murió amando a su esposo, a sus hijos, a sus camaradas, al Partido comunista, al Polo Democrático Alternativo. Murió con las botas puestas. Por eso, digo de todo corazón que nuestra camarada no ha muerto, porque los revolucionarios no mueren, viven, en las presentes y futuras generaciones, en la juco y en los que están dispuestos a sembrar de verdad la semilla de la libertad y la justicia social. Continuar la tarea de María Oliva, será el mayor monumento a su memoria. Digo sinceramente camarada María Oliva Campos Torres: No le digo adiós, sino hasta pronto.

Viva la unidad del pueblo colombiano, viva la paz con justicia social, muchas gracias.

Ibagué, septiembre 28 de 2010: Templo El Carmen

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