Posteado por: nelsonlombana | diciembre 20, 2010

Sur del Tolima: represión militarista… S.O.S

 

Represión militarista…

Por Nelson Lombana Silva

Ante los abusos permanentes del ejército nacional, el batallón Pijao seis que hace parte de la ya tenebrosa móvil ocho, los campesinos y los indígenas del cabildo Nasa de la vereda Peñas Blancas, corregimiento de Maracaibo, municipio de Rioblanco, Tolima, formularon un dramático llamado a organismos defensores de derechos humanos con el fin de denunciar las arbitrariedades que viene cometiendo la fuerza pública en el marco del plan “Consolidación” que vienen desarrollando las fuerzas militares en cuatro municipios de esta parte del departamento, con el aval del gobernador Oscar Barreto Quiroga.

A la convocatoria se hicieron presentes la comisión de solidaridad y defensa de los derechos humanos del partido comunista regional Tolima, la corporación Reiniciar y la Cruz Roja Colombiana, entes que constataron en el propio escenario las arbitrariedades que vienen cometiendo los citados militares. Se recolectaron cualquier cantidad de testimonios conmovedores.

Esta región es un verdadero paraíso, totalmente abandonada del Estado. La carretera de acceso hasta la cabecera municipal de Maracaibo es un verdadero camino de herradura. El único mantenimiento es el que le hacen los campesinos con recursos propios. La vereda Peñas Blancas no tiene fluido eléctrico, tampoco programas del gobierno que estimule la producción agrícola y ganadera. Todo se hace a puro pulso, como dicen los campesinos: “A la de Dios”.

La única presencia del Estado es militar, militares que vienen utilizando las casas de los campesinos para pertrecharse allí utilizando a los labriegos como escudos humanos. Intimidan a los niños para que digan cosas que los pequeños no saben. Los obligan, relatan los campesinos, diciendo que si no dicen lo que ellos quieren que digan, se los llevan en helicópteros para el instituto colombiano de bienestar familiar, ICBF.

Se hurtan los productos de pan coger e instalan helipuertos sin pedir permiso, cerca a las residencias de los labriegos. Retienen la remesa, señalan a los campesinos e indígenas de ser auxiliadores de la guerrilla que hace presencia en la zona hace más 40 años.

La semana pasada doscientos indígenas de este cabildo se dirigieron a los militares exigiéndoles que no se instalen en las casas de los campesinos, respeten el derecho internacional humanitario, DIH, pero hasta el presente hacen caso omiso. Por el contrario, han arreciado su presencia incluso en la escuela que hace parte del territorio indígena. “¿Qué más hacemos?”, dijo visiblemente preocupado e indignado el gobernador indígena, Belarmino Yatacué.

Sin embargo, eso no es lo único que viene haciendo los citados militares contra la comunidad. Los atropellos son el pan nuestro de cada día. “Estaba cargando las mulas cuando salió el ejército y de una vez me descargaron las mulas inmediatamente diciendo que esa remesa era de la guerrilla, cuando en realidad era la remesa que yo llevaba para mi finca”, relata Tiberio Malambo Hernández. “Iba con dos niños: un hermanito y un sobrino, continúa su relato, y los chantajiaron hasta el punto que ellos tuvieron que decir que la remesa era para la guerrilla. Si no decían eso se los llevaban para el bienestar familiar. Esto sucedió hace un mes más o menos”.

No devolvieron el mercado y las mulas las devolvieron ocho días después cuando los semovientes estaban a punto de morir de física hambre. “El mercado se lo llevaron, las mulas las tuvieron amarradas ocho días aguantando hambre y luego nos la entregaron, pero de todas maneras, el mercado se lo llevaron”, señala con tristeza y rabia contenida a su vez.

El hostigamiento contra Tiberio no paró allí, sigue, dice: “El hostigamiento contra mí no para, ha seguido. Cada que me los encuentro me señalan. Para completar se han apoderado de mi finca, me ha tocado dejarla sola, entran y me roban las cosas. La finca se llama Alto Bonito. Soy criado en la zona, hace mucho tiempo que vivo por acá. En la actualidad me ha tocado “convivir” con ellos porque no tengo otra alternativa”.

“Me siento atropellado. Siento que es muy peligroso para mí porque en cualquier momento un encontrón con la guerrilla, no sabe uno qué le pueda pasar, más que lo tienen señalado, piensa uno que ellos mismos lo pueden asesinar a uno y pueden decir que es la guerrilla”.

“El batallón Pijao seis es el que hace presencia y el teniente Gómez es el que me amenaza, me señala que soy el que le cargo la remesa a la guerrilla. Uno se siente amedrentado por ellos permanentemente. Ellos no le dan la oportunidad de uno defenderse, es sólo lo que dicen ellos. Viven tratando a la gente de guerrillera. Se están robando los plátanos, las yucas, se pasan por los cafetales tumbando el café verde y dañando las matas. Entran a las casas a robarse lo poco que uno tiene. Hace mucho rato nos vienen robando y nos vienen atropellando”, agrega.

Agapito Malambo, padre de Tiberio, también es constantemente atropellado por estos militares. “Hace quince días que el ejército se apoderó de mi casa sin pedir permiso. Me dijeron que se iban a quedar. Yo les dije que no porque era una casa de familia. Me han comenzado a arrancar la yuca, la arracacha, la caña me la han dañado. Inclusive hoy (Diciembre 18) me dijeron que les vendiera unos plátanos, les dije que no, pero fueron y los cortaron así a las malas. Me han aporriado los animales”.

“Esta finca que tiene dos casas, en una habita mi hijo Tiberio con su esposa y dos niños menores de edad y en la otra casa vivo yo y semos seis personas también con menores de edad viviendo con los militares a la fuerza. Hicieron un replan ahí en la casa para que asiente el helicóptero y eso no es conveniente porque nos está perjudicando ahí. De ninguna manera nos han pedido permiso, ni nos pagaron un centavo por la construcción. Cuando aterriza el helicóptero me perjudica el cafetal porque casi me lo arranca con el huracán que hace. Eso se viene un huracán muy fuerte y el cafetal me lo deja doblado, el plátano, la yuca”.

Agapito no es ningún aparecido en la zona. “Hace 17 años soy dueño de esta finca. Además, soy nacido y criado en esta región. La situación de orden público la veo muy grave porque es que a mí me la han montado hace mucho tiempo esa gente. Ya me han robado cuatro mercados. Han llegado a la casa diciendo que ese mercado es de la guerrilla y se lo han comido y lo que no se comen, lo botan. No he tomado ninguna medida porque uno le tiene miedo a la fuerza pública. El que comanda este ejército que está en mi casa es el mayor Álvarez, porque ellos fueron los que nos decomisaron un mercado el nueve de noviembre. Me entregaron las mulas pero el mercado no, porque dicen que ese mercado es de la guerrilla. El teniente que nos decomisó el mercado no dejó que le sacáramos la factura, si hablábamos decía que éramos groseros con él. Es el teniente Rojas”.

El llamado que hace el labriego al gobierno nacional es de solicitar respeto. “Que nos respete porque nosotros semos campesinos nacidos y criados aquí. Necesitamos es que nos respeten. Ellos dicen que vienen a defender al campesino y son mentiras, vienen es a maltratarnos, amedrantarnos y a quitarnos el fruto de nuestro trabajo, porque a uno que le quiten el mercado, es el trabajo de uno”.

El campesino Agapito Malambo hace un llamado urgente a la comunidad defensora de derechos humanos del orden nacional e internacional para que los ayuden de la mejor manera: “Que nos apoyen en lo que más puedan porque nosotros estamos desamparados, completamente desamparados”.

El joven labriego de la vereda Rionegro, José Alexander Gómez, dice que lleva tres años huyéndole al ejército porque éste anda diciendo en la zona que es miliciano de las FARC. Tiene mujer y cinco hijos. Lo mismo le sucede al joven de la misma vereda, Robinsón Hernández, que también tiene mujer y es padre de seis hijos.

Son algunos relatos de los campesinos e indígenas de la exuberante región de profundos cañones bañados por el río Cambrín, que sobreponiéndose al miedo denuncian con la esperanza que la solidaridad nacional e internacional ponga fin a ese infierno que han creado los militares en la zona y que el general Suárez minimiza presentando versiones diferentes a la realidad. “Queremos vivir en paz”, es el llamado unánime que hacen los habitantes de la extensa región del sur del Tolima, casi limítrofe con el Valle.

Ibagué, diciembre 19 de 2010

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