Posteado por: nelsonlombana | junio 23, 2011

Tienda comunitaria en la Fila: Un proyecto exitoso en el Tolima

María Florencia Morales, veterana dirigente comunitaria y vicepresidenta de la asociación (Foto nelosi)

Por Nelson Lombana Silva PacoCol

La Fila es una vereda del municipio de Icononzo, Tolima. Allí, hace más de 16 años se asoció un grupo de mujeres montando una tienda comunitaria, la cual se desarrolla con éxito y se convierte en ejemplo por lo menos a nivel departamental, por cuanto mientras en los demás municipios e incluso, en otras veredas de éste, el proyecto se implementó pero no pudo consolidarse por diversos motivos.

El pasado 20 de junio estuvimos allí con el compañero Campo Leonel González Malaver, funcionario del SENA, él con el fin de dictar un taller sobre participación comunitaria y yo con el fin de conocer de cerca la tienda comunitaria, su origen y movimiento. Fue una experiencia extraordinaria.

María Florencia Morales, veterana dirigente comunitaria y vicepresidenta de la asociación nos explicó resumidamente el origen de la tienda comunitaria que como es obvio lleva el nombre de la vereda. “Se trata de la asociación de mujeres productivas de Icononzo, Tolima, AMUPROITO, Nit número 0809011361 – 6”, comienza diciendo. Agrega: “Una señora llamada María Hernández llegó a la región con la idea de la organización, proponiendo que nos uniéramos. La idea pegó y un grupo de mujeres nos reunimos y elaboramos un plan de trabajo. Solicitamos ayuda a la Asociación de Mujeres, ASODEMUC, ella nos ayudó a tramitar la personería jurídica y a comprender la importancia de la organización femenina”.

“Con esa orientación, nos planteamos el problema de tener el local, la casa. Personas generosas ofrecieron el lote. Entre ellos: Pedro Amaya, Pablino Cruz, Fidelino Ávila y William García. Ante eso nos tocó hacer un sorteo para saber con cual lote nos quedábamos. Nos quedamos con el lote de William García”, señala María Florencia Morales.

Aunque no recuerda exactamente el año dice que puede ser 1.993 – 1.994. El siguiente paso era la explanación. “¿Cómo hacerla si no se tenía un peso? Bueno, dice la líder comunitaria: Enviamos cualquier cantidad de cartas al comité departamental de cafeteros, de tanto insistir, nos aprobó el bouldozer y dos millones de pesos en material de construcción. El doctor Raúl Durán nos acosó para retirarlo, de lo contrario, sería enviado para otra parte. Pero surgía otra pregunta, ¿Con qué construir? Después de muchos ires y venires la línea petrolera nos apoyó con un millón de pesos, el cual recibimos en dos contados. Con eso levantamos la casita donde está la tienda”, agrega con aire de triunfo.

“El paso siguiente era como se surtía la tienda comunitaria. Por esa época CORFAS, estaba dando en la región talleres y algunos recursos, nosotras cumplimos con los requisitos y obtuvimos un crédito de $1.500.000,oo pesos. Con ese capital semilla comenzamos y en medio de nuestros propios errores y limitaciones hoy podemos decir que el capital bordea los $25 millones de pesos”.

Entender el éxito y las dificultades nos puede llevar a comprender la importancia de la unidad y la organización. La vicepresidenta, señala: “Son muchas las dificultades que nos ha tocado superar, empezando por convencer a la comunidad de la zona de la necesidad de creer en lo nuestro y tener cierto sentido de pertenencia. Hoy por ejemplo, los campesinos no compran las hortalizas que nosotras vendemos, prefieren traerlas de Bogotá mucho más caras y llenas de químicos, pero muchos creen que es mejor. Nos han robado. Incluso, una miembra de la asociación nos tocó retirarla porque envolató casi un $1.600.000 y no ha podido dar una explicación clara. Somos apenas 12 las que integramos la asociación y no hemos podido ampliar el número por diversas razones”.

Lo paradójico es que la mayoría de las administraciones municipales, incluyendo la actual, no han colaborado con este proceso. Por el contrario, son estigmatizadas y aisladas. Sin embargo, el temperamento orgánico del grupo ha permitido sostenerse y avanzar. Tienen muchas necesidades en la actualidad como formación contable, ampliación de la sede y seguridad. Sin embargo, la moral está muy en alto en este grupo de mujeres campesinas. En ese sentido señala la compañera María Florencia Morales: “Estamos dispuestas a seguir creciendo, batallando porque la mujer debe mostrar su talento en el desarrollo de la comunidad de la región. Anualmente, repartimos entre las asociadas un estímulo navideño y lo demás lo capitalizamos, porque no se trata de comernos todo de una vez”.

La tienda comunitaria se ha venido posesionando en la región y así lo ha venido entendiendo la comunidad. Hay mujeres que vienen expresando el deseo de vincularse para hacer el proyecto cada vez más grande y útil a todos y todas. Un ejemplo de unidad y superación que vale la pena imitar.

Ibagué, junio 22 de 2.011

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