Posteado por: nelsonlombana | octubre 23, 2012

Paso fugaz del camarada Evelio por La Habana, Cuba

Camarada Evelio por La Habana, Cuba

Camarada Evelio por La Habana, Cuba

Por Nelson Lombana Silva.- PaCoCol

(Ibagué, octubre 23 de 2012) A mediados de septiembre tuvo la fugaz oportunidad de visitar La Habana, Cuba, el camarada Evelio Villarreal Herrán con su esposa e hija, gracias a un golpe de suerte al ganarse dos tours pagos por la empresa de aviación en la cual labora su hija. La suerte le deparaba varios países a seleccionar, pero sabiendo de las convicciones ideológicas de su padre y la admiración que le tributa a la isla de la libertad, la escogencia no fue motivo de extenuante discusión. A última hora, aprovechando la coyuntura, la propia hija se “pegó” para disfrutar minuto a minuto la felicidad de sus progenitores. Además, ser testiga de excepción y de primera mano del recorrido por las calles de la Habana de sus progenitores, la tierra heroica de Fidel y Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara, José Martí y tantos héroes que dieron sus vidas por la revolución socialista en esta bella isla a noventa millas del imperialismo norteamericano.

Resulta interesante conocer la versión del camarada, su impresión y las enseñanzas que deja en el lector desprevenido su paso fugaz por la isla caribeña. No es una versión académica, esquemática y estructurada. Por el contrario, es una versión espontánea, directa, sin adjetivos, que vale la pena leer sin prevención de ninguna naturaleza.

El relato comienza por manifestar con claridad su contacto con el Partido, su enamoramiento, sus errores, su admiración y su profunda convicción ideológica. Es un relato honrado y emotivo de un gran camarada de base que tuvo la feliz oportunidad de ir a Cuba y solazarse cinco días con los vientos promisorios del Socialismo.

La admiración es emotiva. Su deseo de saber la versión acerca de la isla es grande y busca por todos los medios escudriñar la realidad indagando, filmando y fotografiando. Se da cuenta de la desinformación que hay en los medios masivos de comunicación, la infamia que ronda contra la isla de la libertad con todas las imperfecciones y dificultades que puede tener el pueblo cubano y su proceso revolucionario en medio del brutal bloqueo económico que ya supera los 50 años. En medio del pueblo caribeño se siente más comprometido con el Partido Comunista Colombiano y los procesos históricos que se vienen dando en América Latina. Confirma la sospecha de que el Socialismo es una realidad que llegó a Cuba y que un día de estos llegará a Colombia.

El relato está escrito en primera persona y comienza así:

Hoy me pregunto cómo conocí el Partido Comunista, recuerdo que por allá en 1959 en Ibagué, hubo una invasión muy grande de la hacienda llamada “El Yunque”, sobre ese terreno hoy está el hospital regional Federico Lleras Acosta, barrios entre otros, el Nacional y Santander.

Recuerdo que la policía nos tumbaba una y otra vez los ranchitos que hacíamos de cartón, guadua y esterilla. Nos lo tumbaban violentamente, a pesar de que fijábamos en cada uno de ellos la bandera nacional en papel Milano con la esperanza de que respetaran ese símbolo, de acuerdo a la orientación que nos daban los líderes, pero eso no detenía a los rabiosos polizontes. No respetaban eso, siempre nos tumbaban los ranchos.

Retrocedo un poquito. ¿Por qué se dio la invasión? Por la terrible violencia, especialmente en el campo, la cual se agudizó en 1.948 con el asesinato del doctor Jorge Eliécer Gaitán. Los campesinos de diversas zonas del Tolima, e incluso, de otros departamentos se tuvieron que trasladar forzosamente a Ibagué con lo poquito que tenían, como las gallinitas, el marranito, el perro; es decir, lo poquito que podían rescatar de lo que tenían en sus fincas.

Los señores que nos orientaban colocar las banderitas eran unos compañeros destacados en la lucha popular y viviendista, uno se llamaba Pedro Ignacio Villamarín. Otro que apareció con un acordeón, timbales, maracas y una carrasca, era ese señor José Neira. Yo ni corto, ni perezoso tomé los timbales, los toqué y como que me estaba sonando la flauta. Descubriría en él rápidamente a un gran compañero. Eran dirigentes regionales del Partido Comunista en el Tolima. También estaba un señor Enrique Cárdenas del municipio de Cajamarca, arriero de profesión, quien también llegó desplazado y se convirtió en gran dirigente del Partido Comunista; me acuerdo también de Vicente Sanabria, creo que hoy se encuentra en Villavicencio, la capital del departamento del Meta y quien estudió música en el Conservatorio, pero antes estuvo en Bogotá trabajando con el Partido y allí, me parece, se hizo abogado. Y muchos compañeros que ahora no recuerdo.

Lo cierto fue que yo ingresé a la Juventud Comunista, JUCO, a los 14 años. Por mis escasos estudios no pude surgir más, pero alcancé a llegar a la dirección regional de la Juventud Comunista, no por capacidad, sino porque era obrero y no había más, el resto eran estudiantes. Entre ellos estaba el compañero Nelson Marulanda, hijo del gran líder Jesús A. Marulanda, que también estuvo en la invasión y era Comunista. Este compañero Jesús A. Marulanda fue concejal en Ibagué, fue un personaje revolucionario muy interesante; era muy extrovertido, le gustaba mucho las fiestas. Conocí a Milton Marulanda, que era uno de sus hijos mayores, a Nelson Marulanda y a la señora Melba Marulanda. Éramos todos jóvenes y militábamos en la Juventud Comunista.

Allí los camaradas bregaban conmigo porque mi educación fue apenas año y medio de primaria, el resto de lo que sé, me lo enseñó mi Partido, la Juventud Comunista. Las ganas de ser dirigente Comunista nos llevó a aprender a leer y escribir. La necesidad de la lucha y posteriormente mi trabajo que era la construcción contribuyeron a forjar mi personalidad política e ideológica.

Me incluyeron dentro del sindicato de la construcción del Tolima, haciendo parte de la directiva asumiendo el cargo de tesorero, llegando a la presidencia del sindicato durante largo tiempo. Esa ha sido mi escuela. Claro, también me forjé al calor de las duras persecuciones por parte del establecimiento, estuve en la lista negra de los ingenieros de la construcción, teniendo que retirarme de la ciudad durante un tiempo. Casado, me fui para Sogamoso, pueblo del departamento de Boyacá, donde tenía una hermana.

Allí, continué trabajando en lo mismo, en la construcción, regresando posteriormente a Ibagué y me logré colocar a trabajar en la Federación Nacional de Cafeteros, en la sección de Almacafé, uno de los mejores trabajos que he tenido pero que lo perdí, precisamente, por la lucha revolucionaria. Allí llegamos a hacer Partido. Alcancé a fundar una célula y participé en la creación del sindicato SINTRAFEC, pero en esa época era un sindicato patronalista. Me equivoqué.

Llegué a la dirección del sindicato, llegando a ser el secretario de actas, pero con tan mala suerte de que lo que planteaba en la reuniones, el gerente de Almacafé, un viejo llamado Roberto Marín Toro, hasta muy simpático y a mí individualmente me ayudó mucho, él me mandó al SENA que quedaba en la calle 17, entre segunda y tercera, a un ladito del templo San Roque, inclusive donde fui bautizado.

Me voy a detener un poquito. En Payandé, caserío minero, pueblito muy agradable, pero había un cura desgraciado que era de apellido Mendieta, ese cura amenazaba la gente, especialmente a las personas amancebadas y decía que si levantaban un baldosín les mostraba el infierno a la gente. El tipo les tenía mucha bronca a las personas que no eran casadas por la Iglesia Católica. Mis padres no eran casados. Decía que las mujeres amancebadas eran putas, la mama puta, la hija puta, la abuela puta y la tataranieta puta. Mi papá le tocó traerme a la edad de siete años a Ibagué para ser bautizado. Es una anécdota.

Yo regreso a Almacafé por intermedio de dicho gerente; hice cinco cursos en el SENA. Estudié técnicas de oficina, legislación tributaria, algo de legislación laboral nos alcanzó a dictar el doctor Jaime Leguizamón Caicedo, hoy ex magistrado de la república, hice mecanografía 1 y mecanografía 2. La mecanografía no sé por qué me gustó tanto. En mecanografía 1 yo era uno de los mejores alumnos, el teclado era tapado y es por eso que los estudiantes salen tan buenos porque la enseñanza era bastante exigente. Llegué a escribir 50 palabras por minuto. Pero, ya en mecanografía 2 llegué en un punto donde yo quedé como en una laguna, no entendía. Imagínese: Todos los compañeros eran bachilleres y yo apenas con año y medio de primaria. Era muy complicado.

Entonces hablé con el doctor Jaime Leguizamón Caicedo, que ya me conocía como dirigente sindical, contándole que no tenía estudio. Me dijo: “Tranquilo Evelio que aquí le ayudamos”. Habló con la instructora la que me llamó y me dijo con más confianza: “Tranquilo que aquí lo ayudamos”. Por eso soy mecanógrafo, sin ortografía, ni nada, pero eso me gustó mucho.

De todas maneras yo por eso quiero mucho al Partido Comunista, porque lo enseña a uno a ser gran persona, un gran hombre en la vida. Bueno…tanta cosa por decir, sería un libro completo, pero yo sé que es casi que imposible.

Mi padre, Aurelio Villarreal, era trabajador del departamento, comenzando en Payandé como ayudante de topografía. Lo echaron y luego lo volvieron a llamar y terminó siendo celador ahí. Una vez me dijo que no siguiera con la lucha de los trabajadores que ellos no agradecían nada, generalmente pagaban mal. Le dije con franqueza: “Mire papá: Usted a mí no me dio estudio, no estoy bravo con usted por eso. Así como yo soy Comunista, tener la suerte de llegar a rodearme de personas de buenas costumbres, bien podría ser un delincuente. Es claro que usted nunca me ha llevado ni una fruta, ni un cigarrillo a un penal, simple y llanamente porque nunca he sido una persona de malas costumbres. Quiero que cuando yo muera, vayan compañeros y echen un discurso destacando nuestra lucha a favor del pueblo y no terminando la vida siendo un simple albañil con escalera al hombro y de brocha gorda”.

En esa época trajeron los perros Pastores Alemanes al país, un Pastor Alemán costaba en esa época 50 mil pesos, que era mucha plata que le costaba al gobierno. “No quiero que se haga más escándalo por un perro porque valió 50 mil pesos que un albañil porque no fue nada en la vida. Además, usted nunca dejó terreno abonado, nunca hizo parte de un sindicato, nunca luchó para uno encontrar un país más humano y justo”.

Lo cierto fue que sus lágrimas se le desgajaron. Me pidió perdón. Mi papá me entendió. Yo ya después comencé a llevarle bonos del Partido y él me los compraba, lo mismo que revistas. Creo que era Conservador. Me decía que cuando entró al departamento, los liberales firmaban con un lápiz rojo y los conservadores con uno azul.

Esa ha sido la lucha. Pero permítame regresar a la época de la invasión de 1959: Estaba terminando el gobierno del “muelón” Alberto Lleras Camargo. La represión nos dijo: Aquí ustedes no pueden continuar, este es un terreno que tenemos para otras cosas. Claro, era un terreno muy lindo, hoy cuenta con el barrio Santa Helena y demás barrios importantes de la oligarquía y de gente que tiene alguna solvencia económica. Nos propusieron dos alternativas: El lugar Piedra Pintada o la hacienda El Danubio, que está ubicada pasando el río Combeima. Los camaradas discutieron y aceptaron para el lado de El Danubio.

Yo era menor de edad, tenía 14 años. Me dijo Enrique Cárdenas: “Dígale a su papá que venga a firmar porque usted no puede”. Mi papá pagaba arriendo en un apartamentico en el barrio Los Mártires, en un sitio que se llamaba la plaza de toros. Mi papá era una persona descuidada, no era de ambiente y de aspiraciones de conseguir algo en la vida; no quería, me tocó insistirle para que fuera a firmar. Al fin lo hizo.

Así las cosas, nos sacaron para la finca El Danubio, hoy son los barrios de Yuldaima, Galán y Kennedy. El instituto de crédito territorial, ICT, servía porque nos financiaron el lote y 500 pesos que prestaron. Con ese dinero, mi papá alcanzó a comprar el techo, algunos palos y con ahorritos que tenía y la poca idea de construcción que yo ya tenía, conseguimos un señor Ignacio, un maestro, quien no quería pero lo convencí para que trabajara y de paso me enseñara. “Quiero aprender”, le dije. Efectivamente, con él aprendí  muchas cosas.

Ese fue el barrio Galán. Hay una anécdota importante y a la vez triste. Eso se llamaba el LLano de los Álvarez, lo que es ahora el barrio Ricaurte; allí había un cura salvaje, reaccionario y enemigo del Partido Comunista, era anticomunista a morir. Se dio la coyuntura que se necesitaba la red eléctrica, el cura era partidario de que canceláramos, pero el Partido Comunista se opuso, era un partido fuerte y bien organizado, llegó a llamársele uno de los importantes barrios “rojos” de Ibagué. Hoy no hay ese partido debido a la represión y a la misma desorganización partidaria, verdad que no se puede ocultar. La comunidad volvió a caer en la red de la promesa y la mentira de los conservadores, los liberales y otros de la misma talla de los partidos tradicionales. El Partido llegó a la conclusión que era como el que ponía una tienda, que tenía que surtirla. Si centrales eléctricas era el dueño del negocio y ellos se iban a beneficiar, pues que ellos colocaran la red. Esa posición la colocamos. Y eso originaba fuertes choques. El cura se puso de lado de los pájaros que eran los godos. Había un compañero que se llamaba Rafael Montaña y ese compañero fue asesinado con sevicia, le pegaron 19 machetazos.

Ese entierro fue  muy doloroso, muy sentido. El Partido movilizó mucha gente. Yo sin tener muchas capacidades me eché un discurso en el cementerio. Fue un desfile muy tremendo, cruzamos con dificultades el río Combeima y la vuelta del Chivo. El cura Gaitán Orjuela era amigo declarado de los pájaros. Después dejó el sacerdocio porque  violó varias niñas de las que iban a cantar en las ceremonias. De todas maneras, logramos tener un concejal: Enrique Cárdenas. No sabía ni leer, ni escribir pero el Partido le ayudó mucho en eso.

Estuvimos los Comunistas en el Concejo Municipal y hacíamos unas barras muy grandes, todas gentes del barrio, la gente respondía. Cada proyecto lo luchábamos y a fe que conseguimos varios. Conseguimos – por ejemplo – un terreno para una cancha de fútbol. Vino la crisis del Partido: Unos se fueron, otros murieron, otros fueron amenazados y tuvieron que cambiar de zona, etc.

De todas maneras, logramos que se le colocara la red al barrio, la electrificadora era la más beneficiada y así lo entendió, ganando el Partido una batalla más en defensa de los humildes residentes en este amplio sector. Lo que sucede muchas veces es que una vez se consigue todos los servicios públicos, la pavimentación y demás cosas, la gente cae en un sopor, se margina y renuncia a la lucha revolucionaria.

En esa época se hablaba de la Junta de Mejoras Públicas y el Partido Comunista tenía una fuerte influencia en ellas, el gobierno se inventó el embeleco de la Junta de Acción Comunal. El cura se puso de lado de esta figura para restarle fuerza al Partido y nosotros, obviamente, tirando para el lado de la Junta de Mejoras Públicas. Una fuerte discusión del Partido, determinó llevarle el juego de ellos y participamos de la Junta de Acción Comunal, sucedía que ellos se reunían diez, doce personas de los más reaccionarios con el liderazgo de dicho Cura de apellido Gaitán Orjuela y así nos montaron la Acción Comunal. En una de esas elecciones que había que cambiar de Junta, la orientación fue meternos. Recuerdo tanto que hicimos una fila como de dos cuadras para votar y el desgraciado inspector de la acción comunal, que era el responsable municipal, no se hizo presente.

No recuerdo el nombre del personero municipal de la época, pero teníamos alguna amistad, él sí nos acompañó y se dio cuenta, en un momento determinado fue testigo. Lo cierto fue que esa junta de acción comunal no fue reconocida legalmente. Desde ese momento le cogí fastidio a la Junta de Acción Comunal, no volví a joder con eso porque se desmoraliza uno cuando presenta una lucha como la que presentamos y ésta no fue reconocida. En esa Junta, sin reconocimiento, yo quedé de secretario, pero como no valió no volví a ser parte de nada.

Sin embargo, insistimos en la lucha política en el sector y volvimos a la carga, pero esos pájaros nos robaron el equipo de sonido y otras cosas. Como nosotros teníamos la vigilancia revolucionaria, que en esa época se llamaba “Autodefensas”, sitiamos el sector y guiados por la sospecha nos dimos cuenta quienes nos habían robado y recuperamos el equipo.

Se daban luchas muy bonitas. Yo comencé a hacer teatro. Resultaba disfrazado de Cantinflas, más tarde armé una comparsa en el barrio Galán, también tuve la oportunidad de participar de un conjunto musical que se llamaba “Los Galaneros” y yo era el director sin saber ni pío de música, pero era el que hablaba y ejercía algún liderazgo dentro del conjunto.

Una anécdota muy verraca que me sucedió. Siempre me llamaban para organizar fiestas, había veces que durábamos las semanas completas en fiestas en navidad. Era un barrio muy alegre, muy agradable, de mucha chispa, unidad y organización. Había un chilcal que a la final lo utilizamos para hacer las fiestas y festivales. Yo vestía el año viejo, la viuda, los hijos, todo el mundo nos daba plata para rellenarlos de pólvora. Eran momentos muy bellos.

Pero en un diciembre de esos nos propusimos hacer los inocentes. Y los inocentes fue que hicimos el muñeco, fuimos al matadero que quedaba a la vera del río Combeima, nos regalaron sangre, una la aprovechamos y la otra se la echamos encima al muñeco y se le clavó un cuchillo. La consigna era que Enrique Cárdenas, el presidente, a las 4 o 4:30 de la mañana tenía que dar la noticia de que habían asesinado a un compañero en ese sitio. Era un sitio estratégico, porque por ahí pasaba el bus. Dejamos a un camarada a cierta distancia para que no dejara arrimar a nadie hasta que no llegara la policía. En la parte alta del barrio, estábamos los Puentes, los Quebradas, los Ríos y yo que vivía solo en ese barrio porque ni mi papá, ni mi mamá se fueron a vivir allá. Yo vivía solo. A veces le daba hospedaje a compañeros más graves que nosotros. Empezó la discusión a quien poníamos. Si colocábamos a Carlos Quebrada, era posible que a la mamá o al papá le podía dar un infarto, que Alejandro Ríos, era camarada pero que no sabíamos la reacción de la señora o de los hijos, Edilberto Puentes, que también fue un gran camarada de la juventud, se encuentra hoy en día en otro bando, que no se podía porque estaban los viejos también, finalmente que Evelio Villarreal Herrán, fue algo que ni siquiera tuve tiempo para medir consecuencias y que más tarde a mí también me los hicieron. Todo fue debidamente planeado. A la hora prevista el equipo comunitario empezó a retumbar con la noticia: ¡Urgente! ¡Urgente! ¡Urgente! Compañeros y compañeras: tenemos que dar una mala noticia: El compañero Evelio Villarreal Herrán ha sido asesinado en tal sitio. (Yo sentí un escalofrío de pies a cabeza).

En cuestiones de minutos todo el mundo estaba en la calle. Parecía un hormiguero. Salía gente en pijama, casi desnudos, porque, claro, a mí todo el mundo me estimaba y me conocía, me estimaban porque era muy colaborador, yo trabajaba en la construcción y la gente me decía: ayúdeme a hacer una alberquita, yo iba y la hacía, me daban la comida y no más. La gente salía en estampida y el compañero que se había destacado para impedir que la gente se acercara al cuerpo se veía en calzas prietas, pero no dejaba arrimar a nadie, esperando que llegara la mayoría del barrio. Muchos lloraban. Todo el barrio estuvo en la calle, el presidente cogió el micrófono y dijo: ¡Pásela por inocentes! Unos se pusieron bravos conmigo, pero de todas maneras, eso fue la borrachera más verraca.

Esas son anécdotas que he vivido, y volviendo al cuento del Partido Comunista, debo decir que yo me encariñé mucho al Partido, a la Juventud Comunista porque uno se da cuenta de que los hombres y mujeres más especiales, qué más quieren la vida, a los semejantes, a la naturaleza y qué más quieren a la humanidad somos nosotros los Comunistas. Uno se mete a luchar por las comunidades que ni conoce, otros los odian a uno y les dicen malas cosas. Sin embargo, uno no le para bolas a esos desprecios, entiende su comportamiento alienado y persiste en la lucha por la justicia social para todos y todas sin privilegios de ninguna naturaleza.

Los Comunistas luchamos siempre por la vida y la felicidad de los pueblos. Guardamos la esperanza de que algún día debe haber un cambio. Eso, entiendo, es lo que lo lleva a uno a enamorarse del marxismo – leninismo, a asumir esa construcción filantrópica y real de querer sinceramente al vecino, luchar por el vecino y si es preciso morir por el vecino. Es decir, por los semejantes.

Yo he tenido épocas en que me margino de las tareas del Partido, pero siempre estoy pendiente del semanario VOZ La verdad del pueblo e incluso, desde que era la Voz de la Democracia. No conocí Tierra porque el compañero José Neira, que fue el que me reclutó, él habla de que en algún momento el periódico se llamó Tierra, entiendo que fue por allá lejos, quizás después de 1930, yo hablo a partir de Voz de la Democracia que fue cuando comencé a entender la lucha de clases y a comprender la necesidad de educarme políticamente. Uno se margina pero siempre está pendiente del periódico para recibir cada ocho días la orientación clara, precisa y concisa.

Caso curioso: ahora que he vuelto a militar, vendo cinco periódicos de la VOZ sin ser Comunista, es decir, sí Comunista pero no militante. Uno siente la necesidad de que la gente lea el periódico porque si no lo lee, no sabe y claro, no va a luchar y si lo hace será a la ciega porque, qué puede entender un obrero que solo se limita a leer los periódicos de la oligarquía o RCN, CARACOL, EL TIEMPO, EL ESPECTADOR, EL NUEVO DÍA, EL ESPACIO, QUIHUBO, son medios de comunicación que están al servicio de los grandes y hacen parte de los monopolios de las grandes empresas y son enemigos de la lucha justa de los trabajadores y de los obreros y de los estudiantes y de los maestros, etc.

Los periodistas se ponen al servicio de los ricos. Miremos un ejemplo, algunos hablan de cáncer bueno y de cáncer malo. Periodistas que todos los días decían que le quedaban meses, días, horas, minutos, segundos, al compañero presidente de la hermana república bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, pero el presidente colombiano Juan Manuel Santos Calderón resulta también con cáncer, incluso, yo también tuve ese cáncer y me hicieron la misma operación que le hicieron a Santos, los periodistas dicen que este cáncer es combatible y que el presidente va a salir bien, mientras que jugaron con la vida del compañero Chávez, que a propósito le acaba de dar otra lección al imperialismo norteamericano y a todos estos títeres de la burguesía con esa gran votación que puso y que indudablemente tenemos presidente para harto rato y que yo como Comunista estaba muy preocupado por la salud del presidente venezolano y que de pronto le ganara ese personaje Capriles, porque de haber sucedido se hubiera puesto en peligro la región, los gringos colocarían más bases militares para tenernos a nosotros aún más de rodillas. Siquiera el proceso revolucionario continuó su marcha en ese país.

Se da uno cuenta de muchas cosas. Ahorita que estuvimos en Cuba con mi señora y mi hija que generosamente nos regaló ese viaje mi hija, se da cuenta cómo son las cosas, las cuales son diferentes a como nos la cuentan los medios de comunicación de la burguesía.

Estando allí, mirábamos en Telesur una visión distinta de lo que viene sucediendo en la gran patria del libertador Simón Bolívar. Eran unos campesinos con unas fincas y unos establos de ovejas con una tecnología de punta, desde la ubre del animal saliendo la leche a los recipientes higiénicos, pero también es higiénico el alimento de los animalitos y los campesinos diciendo: Esto lo logramos gracias al gobierno, gracias al Socialismo del siglo XXI, como dice el comandante Chávez. Era un muestreo de lo bien que está el campo en esta república bolivariana.

Luego, vimos como tres cuadras de carros como los transmilenio de Bogotá, todos nuevecitos y en fila, más tres filas bien organizados de taxis y particulares y el compañero presidente Chávez hablando con la gente, un señor en muletas le dijo: “Mire, aquí tiene las llaves para que se movilice”, no sé si era gratis, no escuché que se hablara de plata; a los taxistas sí les decía: “Van a tener un tiempo muerto y luego pagan cuotas muy cómodas”. En los buses habían una damas que habían estudiado en el SENA, no estoy seguro si dijo que el SENA, fueron comisionadas para manejar esos buses. “Estos buses son para que presten un buen servicio al pueblo”, les dijo el presidente Chávez.

Qué hermosura ve uno, una cosa tan distinta a lo que presentan esos desgraciados de RCN, CARACOL y demás medios de los ricos, quienes solo presentan las dificultades, que también se presentan, pero exagerándola y tergiversándola. Dificultades muy distintas a las que tenemos en Colombia, que sí son graves y desconcertantes pero que dichos medios no dicen ni pío.

Bueno: en Cuba, que fue una estadía muy corta, cómo me hubiera gustado haber estado si quiera unos 15 días o un mes, pues allá se le olvida a uno hasta que es pobre, porque es un ambiente muy sabroso, mucha fraternidad y mucha alegría. Por supuesto que íbamos financiado por mi hija, que se había ganado dos pasajes que rifaron el año pasado en su empresa donde labora y nos dio a nosotros semejante detalle.

Estuvimos en la vieja Habana, en un hotel que se llama el hotel Plazas. Yo llevé unos busos, de esos que dan tres por diez mil, exactamente dos docenas y los mandé a estampar en la parte delantera con la leyenda: “Recuerdos del XXI Congreso del PCC”, en la parte inferior: “Colombia”, con color rojo. Alguien me había orientado para que hiciera eso porque en vez de dar propina da un buso y la gente le agrada mucho. Sí, efectivamente, la gente recibe el detalle con mucho agrado.

En la vieja Habana contratamos a un zorrero, un señor Benjamín, un coche al estilo Cartagena de Indias para dar un paseo por el entorno. Qué señor para saber de historia, qué señor tan culto y conversador. Otra sorpresa que observé en la vieja Habana es que no hay barrios, son bloques de vivienda, las que el Estado tomó a los grandes ricos que se escaparon al triunfo de la revolución y el comandante Fidel Castro las adecuó para viviendas del pueblo en lo sucesivo.

Hay muchos parques y monumentos, celosamente cuidados. Sorprendidos nos declaramos y así se lo hicimos saber a Benjamín que siendo Cuba caliente la vegetación era tan verde y exuberante, la respuesta del guía era que estaba lloviendo y la preocupación del gobierno y del pueblo por conservar los árboles y los parques era grande y permanente. “Los árboles son pulmones para la humanidad”, insistió Benjamín.  Él nos iba haciendo una síntesis histórica  de cada parque, este se llama “Camilo Cienfuegos”, por ejemplo, y así sucesivamente; eran nombres de próceres que mi débil memoria no me alcanza para recordar todos. Le decía: “Hola compañero, ese edificio es como una iglesia (templo) y es bien bonito”. Me contestó: “Sí, eso fue una iglesia antes de la revolución” y le dictaba la fecha exacta prodigiosamente. Le hablaba hasta de 1800.

También quedé sorprendido porque a todos sus amigos que iba encontrando en el recorrido, siempre les decía lo mismo: “Adiós buen amigo, vaya con Dios”. No pude aguantar la curiosidad y le pregunté: “Oiga, compañero, ¿Es que usted es religioso?” Me contestó con seguridad: “Este pueblo es muy creyente”. Insistí medio sorprendido: “¿Es usted católico?” Respondió, como siempre en su forma caribeña de hablar: “No soy católico, soy cristiano”. “¿Hay iglesia católica?”, insistí con cierto enfado. “Hay iglesia católica”, contestó sin inmutarse.

Aquello me parecía increíble, realmente no fue fácil asimilarlo en un primer momento, un nudo de contrastes vino a mi memoria. Sin embargo, seguí con la conversación fluida y amena por cierto a pesar de todo. “Vengo de Colombia y milito en el Partido Comunista”, le dije y antes de que me contestara le pregunté: “¿Usted es Comunista?” Me dijo sin incomodarse: “Yo no soy Comunista”. Creí flotar por un instante. En medio de mi abierto desconcierto, anoté bien asombrado: “¿Cómo así y entonces por qué sabe tanta historia?”. Sonrió. “Eso es otra cosa”, dijo y agregó: “Nosotros no tenemos problemas aquí, nosotros respaldamos al gobierno, porque es un buen gobierno, pero definitivamente no milito en el Partido Comunista”.

A varias personas con la que pude dialogar les lanzaba casi que la misma pregunta, una vez le entregaba el buso. Muchos me dijeron que sí militaban en el Partido, era la respuesta que esperaba encontrar por todas partes, por unanimidad, lo que me iba clarificando la infame información que tenemos los colombianos del heroico pueblo cubano, de que allí es todo y único de lo que diga Fidel Castro. Eso no es cierto. Observé con asombro entera libertad.

En el hotel Plazas había un señor de nombre Aldo, muy parecido al presidente Barack Obama, no aguanté y le hice la broma: “Compañero: usted se parece mucho al presidente Obama”, me contestó: “Ese es el apodo que la gente me tiene, me tienen jodido con ese apodo”. Le dije: “Oiga, compañero: yo soy Comunista, milito en mi partido Comunista en Colombia, y ¿Usted?”, contestó: “Yo también milito en el Partido Comunista. Soy Comunista”.

Entramos en confianza, sentí que había encontrado a alguien con el que podía dialogar sobre distintos temas con más seguridad y profundidad. Tocamos distintos temas. Uno de ellos fue el relacionado con el salario. Me habló de un salario muy bajo, en dólares era como 20 o 22, no recuerdo bien, pero que era suficiente porque no pagan arriendo, no tienen problemas con la salud, la educación es gratuita, los alimentos son subsidiados, entonces les alcanza. Nos alertó de tener cuidado con quién nos relacionábamos. Era necesario tener precaución. Lo comprobamos al salir porque un tipo a envolvernos con el cuento que si íbamos a traer tabacos cubanos que en tal parte eran más baratos, etc.

Hombre, ve uno en la isla costumbres que son muy frecuentes en Colombia. Gente que le pide a uno plata. Una señora muy sagaz no sé qué le dijo a mi hija, cuando la vi fue que entró a una tienda y le entregó un cartón de leche y se fue la vieja muy contenta, mirando para todos lados, como cerciorándose que nadie la había visto. Eso me permite pensar que eso es prohibido allí. Sin embargo, la gente lo hace.

Seguimos por la peatonal mirando en todas direcciones, tomando fotos y filmando con entera libertad, nadie nos decía nada, nadie nos prohibía. Muchos músicos, algunos viejos como yo, otros más viejitos, ellos ofrecen las mejores páginas musicales, uno les dice que no hay plata pero ellos insisten: “No, no, alguna cosita me da”.

Yo le hice un comentario al compañero Aldo, que hablara en el Partido porque yo había llegado a la conclusión de que los compañeros consideran de que todos los turistas que van a Cuba son adinerados y que en el caso mío, me sentía mal porque a pesar de saber de las dificultades que tiene el pueblo cubano entre otras razones por el fuerte bloqueo económico de los Estados Unidos, yo estaba allí porque mi hija me había llevado e incluso, quien manejaba la plata era ella. Le dije con franqueza: “Uno se siente acosado por esa vaina”. Me salió un muchachito pequeño con el cuento: “Señor, tengo hambre”.

¿Qué decía el compañero Aldo? Que muchos se habían vuelto viciosos, se tiraban la plata en eso. Pensé entonces, en lo que había dicho el comandante Fidel de que la revolución no la podría destruir el imperialismo, pero en cambio sí el mismo pueblo con ciertos comportamientos.

Estuvimos en la plaza de la Revolución. Nos tomamos 518 fotos en toda la gira y varios videos. Impresionante plaza, histórica plaza, allí el comandante Fidel reunía al pueblo para hablarle, lo mismo que los demás dirigentes de la revolución y del gobierno. Un primero de mayo la plaza gigantesca se hace insuficiente. Allí, estuvo el papa. Eso, claro, ya no es la vieja Habana, es ya lo moderno.

Fue sorprendente para mí toda esa majestuosidad porque los medios de comunicación de los ricos nada de eso muestran, muestran son edificios acabados, donde vive gente del pueblo, pero siempre presentando imágenes desfiguradas de la realidad. Por supuesto que el pueblo cubano tiene dificultades, pero es muy distante a como lo presentan esos medios de comunicación.

Regreso un momento al hotel Plazas. Todos los hoteles son del gobierno. Me decía el compañero Aldo, que esa noche él era el gerente, al otro día había otro compañero con esa responsabilidad. Se rotan ese puesto.

Bueno, en relación con el transporte, uno ve carritos pequeños modelo 50, 54, 40 y pico, pero resulta que esos carros ya no están funcionando con gasolina porque pasó lo que pasó en Colombia, decíamos que eran unos surtidores, allá tienen motores que me imagino que son diesel, pero allá dicen que son movidos con petróleo, son muy contaminantes. Otros funcionan con gasolina.

Esos carros son del gobierno pero dentro de las reformas que ha hecho, sucede algo parecido con lo que sucede aquí. Por ejemplo, usted tiene diez, veinte taxis, entonces tiene veinte conductores para obviar la cuestión prestacional, entonces usted los arrienda. Entonces, yo tengo que traerle a usted todos los días, por ocho horas, entregarlo tanqueado, lavado y tengo que darle 50 mil pesos. En Cuba, se paga una cuota, no tan alta, pero se la pagan a la empresa de la cual hace parte el carro y esa es una empresa del gobierno. Esa es la forma de trabajo, parecía a la de acá. Me decían que ya hay carros que son propiedad de la persona, con escritura y toda esa cosa.

Hablábamos con Pedro, el taxista que nos llevó y nos trajo, hablábamos muchísimo y yo le hacía un análisis, de acuerdo a mis modestas capacidades, sobre el fracaso de la Unión Soviética, le decía que había fracasado porque era un gobierno que sostenía tantas becas de estudiantes de todo el mundo. Le decía que haciendo parte de la Juventud Comunista, habíamos mandado al compañero Nelson Marulanda, creo que hasta Álvaro Gómez Hurtado estuvo dos años por allá adelantando una especialización.

De otro lado la complejidad de sostener gratuitamente la salud, la educación, como todo era gratis, les daba lo mismo producir que no producir, el pueblo de dedicó a tomar vodka  y sus dirigentes se burocratizaron. Ese es el modesto análisis que hago sobre esto. Además, los destellos del capitalismo me parece que también influyeron.

Pedro también hizo su análisis, porque él estuvo dos años siendo dirigente del partido comunista. Vino, rindió su informe e informó que la Unión Soviética ya estaba para colapsar porque tenía una serie de errores. Su análisis no gustó entre los camaradas, mucho menos entre los soviéticos, entonces él tomó la decisión de marginarse del Partido. Como al año o más, en un discurso del camarada Fidel Castro, más o menos planteó lo que Pedro había planteado. Los camaradas lo llamaron y le pidieron excusas, pero todo indica que ya le había gustado estar desorganizado y por lo tanto no volvió a militar. Le pregunté: “Bueno, si usted no es Comunista, ¿Entonces, qué Partido tiene?” Me contestó: “En Cuba hay un solo partido, el Partido Comunista, y nosotros respaldamos ese Partido. Te voy a contar una anécdota: Aquí se me subió una señora con otros personajes y se puso a echarle la madre a Ben Laden, acusándolo de terrorista y que era como el h.p. de Cuba que también era un asesino; yo paré el carro y les dije: Hágame el favor y se bajan ya. ¿Por qué nos va a bajar?, me dijo esa señora. Les contesté: “Porque ustedes están hablando  mal del dueño de este carro. Este carro es del gobierno. Mal haría yo aceptar todas estas bellaquerías que están diciendo. Los bajé. La señora fue y me denunció ante los directivos de la empresa del carro. Los directivos me llamaron a descargos. Él dijo: Lo hago pero que esté la señora, para que ella sostenga lo que dijo y yo lo que hice. Pero como no está, me voy. El jefe en tono conciliador me invitó a que contara qué había sucedido. Les conté a todos los presentes. La respuesta de todos fue clara: Váyase compañero, usted tiene más razón que el carajo. Me fui. Mire usted: Esto lo hago sin estar militando, porque eso no se puede admitir y no se admite porque no es cierto.

Yo le hablé del semanario VOZ La verdad del pueblo, de nuestro periódico Comunista y le comenté que el periódico tiene una sección que se llama “Carta de los lectores”, donde la gente puede escribir libremente. Me dijo: “En Granma también hay secciones como esa y escriben muchas veces bestialidades y se las pasan, pero luego, le hacen un comentario para clarificar o hacer precisiones concretas. Yo siempre leo el periódico, aquí hay mucha libertad y lo que la gente quiera decir se lo publican. Pero, se le hace claridad y se le demuestra que está equivocado”.

Hablamos sobre la autoridad de tránsito. Noté con preocupación que al parecer ya hay vicios de corrupción, me decía que algunos, no todos. Hay quienes reciben lo que nosotros llamamos en Colombia “la mordida”, pero hay otros que inmediatamente lo llevan a la cárcel, por eso. Pero sí hay gente que recibe, bueno, dijo: “Se puede negociar”. Le dije: “La corrupción en Colombia es el pan nuestro de cada día, todo mundo busca librarse de la multa porque es muy cara”.

Es un transporte muy bien organizado. Nos hablaba de la ayuda de la hermana república bolivariana de Venezuela, teniendo en cuenta que Cuba tiene buenas refinadoras, tienen sus contratos con Venezuela.

Me pareció muy simpático los cubanos con los cuales hablé, son cubanos puro pueblo. Me hubiera gustado haber tenido una credencial especial para haber llegado a otros sectores o personas de la isla caribeña. De todas maneras, la experiencia fue muy rica, estuvimos muy deliciosos. Ese otro hotel superclub Breezes,  ubicado sobre la carrera Las Américas, Kilómetro 3 y medio, Varadero, Matanzas, es inmenso. El administrador es un tipo parecido de raza oriental, bien chino. Sin embargo, él nos dijo de donde era y no tiene nada que ver con los chinos. Un hombre muy amable, muy sencillo, atento, una gran personalidad. Yo le pregunté: “¿En este hotel hay capital mixto invertido?” Me contestó: “Sí, aquí hay capital mixto”. Son edificaciones de dos pisos, cada casa tiene dos apartamentos: uno arriba y el otro abajo. Son pegadas entre sí cantidades enormes de casas y le sigue uno dando la vuelta y se encuentra con unos palmares y prados que son una verdadera belleza. Muy bien tenido todo eso.

En todo ese hotel hay como unos cuatro bares y toma uno lo que quiera. Claro, yo llegaba con mi busito lo entregaba y eso me atendían de las mil maravillas. El restaurante es una delicia, era bufete. Le metían a la comida pollo, pescado, cerdo en cantidades. Mi barriga creció esos días mucho más.

La cosa es que nosotros vinimos encantados. Quisiera hacer un ahorro y regresar, pero ojalá cumpliendo una misión política, una reunión, un congreso, algo especial. Me gustaría volver. Quedamos encantados: Ese mar muy lindo, muy agradable. No hay peligro que le vayan a quitar las cosas, las deja uno en la playa, hay sillas playeras, ahí puede dejar las cosas y avanzar cuadra y media, el agua le da un poquito arriba de la cintura. Cuando viene la ola, uno brinca o se le mete por debajo. Es muy divertido. Recomiendo este viaje a todos los compañeros y compañeras.

Creo que van muchos millonarios porque es un país seguro, tienen tranquilidad. Vi muy poca policía. La mayoría eran mujeres pero por ahí con un bolillo no más. Se ve el cambio. Bueno, no sé más qué tenga que contar, que seguramente no me acuerde ahora. Esa ha sido mi vida, ya tengo 69 años cumplidos, me siento un hombre muy realizado y orgulloso de ser Comunista, sindicalista todavía, porque hago parte del sindicato del transporte en Ibagué, exactamente de la Asociación de Pequeños Propietarios de buses, busetas, taxis, mixtos y similares, ASOITRANS, personería jurídica número 4606 de julio 21 de 1992. Nit 800217968 – 9.

También milito, tenemos nuestro organismo, lamentablemente se nos murió un gran camarada, el camarada Marco Elías Díaz Puentes, a la edad de 95 años. Un gran hombre, jovial, extrovertido, fiestero, firme en sus convicciones ideológicas y políticas, consecuente hasta lo último. Un gran camarada. Sé que es mucho pedirle a la naturaleza llegar a esa edad.

Me siento realizado porque ni soy pobre, ni soy rico. Le voy a echar un cuento grosero que decía en la calle la 14 de la ciudad de Ibagué, un señor Gilberto Ríos, un señor que tenía de su propiedad casi una manzana y tenía una hacienda en zona paramilitar de Puerto Boyacá. El viejo le gustaba tomar licor conmigo. Yo me lo gotereaba. Tenía una tienda donde usted encontraba herraduras, enjalmas, cerveza, de todo. Decía: “No me da rabia que digan pobres hijueputas porque no soy pobre; si dicen ricos hijueputas tampoco me da rabia porque tampoco soy rico; yo vengo siendo como medio hijueputa”. Era muy agradable el viejo para charlar. Era arriero.

Eso mismo digo yo, pero sin echarme la madre. Ni soy rico, pero tampoco soy tan pobre. Aquí puede ver, mamándole gallo a la vida con pensioncita con salario mínimo, porque en eso sí fui inteligente y juicioso también. Pagué cumplidamente mis semanas al seguro social. Es más: yo pagué al seguro social antes de que existiera. Como le dije era maestro de la construcción en la reforma del estado de 1.964, nos hablaban de eso, nos sacaban poquito. Era una parte los trabajadores, otra parte los empresarios y otra el gobierno, pero como el gobierno siempre ha sido tramposo, entonces el que no pagaba era el gobierno.

Hoy estoy disfrutando de esa pensioncita y tengo derecho a la medio salud que prestan en Colombia, pero de todas maneras, estoy mejor de aquellas gentes que inclusive, son anticomunistas, antisindicalistas, pero como no ven más allá de la nariz, están totalmente desprotegidos pero hablando maravillas del gobierno y del sistema capitalista. No lucharon ni siquiera por ellos mismos para tener la pensión que yo tengo.

Tengo una busetica, están que nos sacan pero estamos dispuestos a la lucha haber hasta donde llegamos. Esa es la historia resumida de mi modesta existencia revolucionaria que tuve la fortuna de visitar la isla caribeña de la libertad, Cuba. Siento que estoy viviendo horas extras y estoy dispuesto a estirarlas hasta donde se pueda, suelo decir en broma y con frecuencia.

Una cosa me preocupa: La postura de la juventud. Siente uno que no toma el mando con decisión, cuando debería ser consciente que ya nosotros estamos de salida. Incluso, los mismos hijos, muchas veces no apoyan la lucha revolucionaria, aún cuando hayan tenido modos vivendi y no tengan de qué avergonzarse de uno. Vamos a morir con esa preocupación.

Mientras la burguesía entrega nuestros recursos a las multinacionales y transnacionales, caso del presidente Juan Manuel Santos Calderón, cómo le da vía a todas ellas para que entren y se roben los metales preciosos y pongan en peligro el medio ambiente y la misma existencia humana. Es gravísima esa situación. Pero, más grave aún la quietud de la juventud colombiana. Creo que nos vamos a morir con ese guayabo. Por eso, llamo a la juventud y a los trabajadores para que nos capacitemos y asumamos una posición crítica y consecuente con nuestra clase social.

Entiendo que ese comportamiento es ignorancia política. Me duele cuando el obrero o el joven me dicen: “Es que yo soy apolítico”. Cuando en realidad esta es una política aún más brava y dañina que la tradicional. Para ellos, ningún político o política les sirve. Según sus criterios todos son iguales. Me duele cuando en campaña salen con ese cuentico: Es que todos son iguales. Uno les dice: Pero, es que los Comunistas no hemos sido gobierno en Colombia, ¿Por qué nos juzgan con el mismo rasero? ¿Por qué nos van a echar en el mismo costal? Cuando me salen con eso, me en verraco y les digo: “Postúlense para cualquier mierda y yo voto por usted, pero haga algo, reaccione”.

Así como ese compañero, son 15 y 16 millones de colombianos con idéntico pensamiento. Le da tristeza a uno porque Colombia es una maravilla, riqueza por todos lados, pero el pueblo así nunca llegará a disfrutarla, siempre toda esa riqueza estará al alcance de la criminal y holgazana burguesía.

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