Posteado por: nelsonlombana | noviembre 7, 2012

“La lucha de los Comunistas es permanentemente”: Pedro E. Muñoz

“La lucha de los Comunistas es permanentemente”: Pedro E. Muñoz. Foto nelosi

“La lucha de los Comunistas es permanentemente”: Pedro E. Muñoz. Foto nelosi

Por Nelson Lombana Silva .- PaCoCol

(Ibagué, noviembre 7 de 2012) En su modesta casa ubicada en el centro de la ciudad musical de Colombia, Ibagué, el camarada Pedro Enrique Muñoz González se recupera de una cirugía a la vesícula, la cual le fue practicada la semana anterior en el hospital regional “Federico Lleras Acosta”.  Al lado de su compañera recibe con entusiasmo la visita de los camaradas y amigos agradeciendo el gesto de solidaridad.

Hace parte de la célula “Nelson Castiblanco”, destacándose a través de la dura lucha revolucionaria en el campo de la solidaridad sobre todo con los presos políticos. No desaprovecha oportunidad para asistir al penal, siempre con la esperanza de llevar un mensaje político, el semanario VOZ La verdad del pueblo, cuando la dura represión del centro carcelario lo permite y departir con los compañeros y compañeras detenidos por pensar distinto al régimen.

Es un vendedor permanente del semanario cada ocho días. Incluso, pasa a la historia como el primer agitador y propagandista que se atrevió a vender el periódico en las casetas ubicadas sobre la tercera, por allá en el año de 1975, según recuerda. “La primera vez – dice – dejé dos números en un puesto de revistas ubicado en la calle 10 con carrera tercera, al lado de la catedral. Dejé los dos números sin compromiso. No se vendieron. A los ocho días volvía a dejar el mismo número y se vendió uno, a los siguientes ocho días se vendieron todos y después se disparó la venta”.

Con voz pausada, casi silenciosa, cuenta algunos efímeros momentos de su dilatada existencia pues ha cumplido 88 años y goza de buena salud a pesar de sus vicisitudes. Su recuperación es asombrosa. Su estado de ánimo extraordinario. Pero lo que más impacto genera es su convicción ideológica y política. Es un Comunista de “raca mandaca”. Es natural de Vianí, Cundinamarca y nació el 15 de junio de 1924, siendo sus padres: Lorenzo Muñoz y Esther González.

Su relato es apasionante:

“La verdad es que yo me enamoré del Partido Comunista sin conocerlo y desde muy niño. Me parece raro y suena raro pero es la verdad. La prueba es que soy ateo desde más o menos la edad de seis o siete años. Recuerdo muy bien que hice un juramento, siendo niño, repito, de no creer nunca en Dios”.

“La verdad era que mi padre era demasiado fanático, mantenía pegado a la iglesia y a la región; yo era el primogénito en la familia de los hombres, pues hubo más hijos, pero todas mujeres. Era el varoncito, por eso me la montaron. Inclusive, la orden era que tenía que ser cura. Mi papá era muy camandulero, digámoslo así. Su esperanza era que yo fuera sacerdote. Pero yo desde muy niño en nada de eso creía. Claro, no podía decirle nada a mi padre, porque era mi padre y aunque él no me “cascaba”, tenía que respetarle sus ideas y dejar que pasara por encima de las mías”.

“Algún día me mandaron por unas mulas distantes a un vecindario. Estaba lloviendo copiosamente, precisamente. Yo mojándome por ese empinado camino arriba. Iba meditando y haciéndome infinidad de preguntas, descalzo, ropa haraposa, mientras pensaba que otros niños de mi edad, disfrutaban toda la comodidad de sus juegos, de sus diversas diversiones, mientras yo era sometido al trabajo forzoso y a la creencia de mi padre, al rezo, al rosario, porque a mí me obligaba desde muy niño a estar en pie desde las cuatro de la mañana toda la prole, es decir, toda la familia a rezar el rosario con sus letanías y cosas que uno no sabía exactamente qué era eso, pero era obligado a repetir maquinalmente sin tener derecho a una explicación, ni siquiera a preguntar”.

“Viendo esas cosas, vuelvo y digo, desde muy niñito, mostré toda mi rebeldía. Me dije tajantemente que no tenía por qué seguir haciendo eso, que iba contra mi voluntad y mis deseos de ser un niño libre y autónomo. No tenía por qué seguir creyendo en Dios. Era insoportable esa cantaleta de Dios para todos lados: Una desgracia Dios, una alegría Dios, una aguantada de hambre, Dios. Era una cosa muy aburridora. Bien pobre y bien sumiso era para mí una estupidez que había que mandar al carajo. Y así lo hice”.

“Renuncié – como le dije ya – muy niñito a creer en eso. Claro, eso no podía decírselo de frente a mi padre como era mi deseo, ni a ninguno, pero hice ese juramento y lo cumplí y me sentí libre y autónomo para hacer el bien sin necesidad de ataduras estúpidas y degradantes para la humanidad como es creer en algo que no existe más que en el cerebro humano. Hoy estoy convencido que Dios es un invento de los ricos para tener oprimido al pueblo pobre y humilde como yo. ¿Qué enseñan las religiones? Pues sumisión”.

“Llegó mi pobre y humilde juventud. Deserté de la casa. Me fui para Bogotá donde una tía, la que me enseñó el oficio de la zapatería, me tocó dedicarme exclusivamente a esta actividad porque no había otra cosa para hacer. Era una disyuntiva: O sembraba fríjol, maíz, café y caña de azúcar o me ponía a lo que en realidad quería hacer y ser: Libre”.

“Cuando llegué a Bogotá creo que no tenía aún los 15 años. Aprendí la zapatería y con este modesto arte, una vez me hice padre pero de familia, crié mi familia, la compleja tarea de educarlos, vestirlos y darles lo más urgente, sus necesidades”.

“La primera relación con el Partido, siendo niño, recuerdo que en Vianí había un señor que dizque no lo quería nadie, (podía ser cierto) se llamaba Reinaldo Rubio, que todo el mundo decía con aspaviento que era ateo. Mi papá hacía comentarios y decía que era Comunista, pero claro, en una forma despectiva con el interés de sembrar terror en mí. Sostenía ese punto de vista porque Reinaldo Rubio no creía en Dios”.

“Siendo un niño, ese señor me caía bien, precisamente porque no creía y yo quería ser libre como él e independiente. Desde muy niño busqué con afán mi independencia, sobre todo, no creer en nada de esas cosas porque ya sospechaba que era el negocio de unos a costa de otros para reprimir al pueblo y alejarlo del conocimiento científico”.

“Con esa admiración por la postura de ese señor, comenzó en mí a fermentar la idea de la libertad y de la ciencia; no del Socialismo, porque hablar de Socialismo en esa época era como un absurdo, era cometer un delito, porque como los curas eran los que mandaban, ellos eran los que decían qué se hacía y cómo se hacía, era una restricción que bien la complementaban en el pueblo el gamonal y el militar”.

“Lo que más me indignaba era tener que hacer cosas para no contradecir a mi padre que era tan fanático, teniendo en la mayoría de veces que callar, como se dice: “Comer callado y refunfuñar con paciencia, cosa que para mí, era casi imposible de soportar desde muy niño”.

“Estando ya “volantón” comenzó a escucharse en la región el nombre de Gilberto Vieira. Claro, Gilberto estaba muy joven y yo muy niño, pero lo escuchaba de vez en cuando con cierta atención, con cierta curiosidad. Comenzó a circular secretamente un periódico llamado “Tierra”. La gente lo compraba, lo doblaba hasta la mínima expresión y lo metía en la solapa del saco. Ahí lo guardaban bien guardadito. Yo me fijaba en todo eso”.

“Alguna vez – lo podría decir – dejó descuidado un periódico de esos y yo lo cogí con suma curiosidad y lo escondí sin que nadie se diera cuenta. Cuando me mandaba mi papá a cuidar las vacas, me lo llevaba y lo leía y lo volvía a leer, pero realmente no entendía qué era eso. Pero me gustaba. Era un periodiquito pequeño. Pero en esa época por temor al cura, al gamonal y al militar, tenía que tenerlo bien escondido o una vez se leía era mejor quemarlo o tocaba tenerlo muy bien guardado. Si se guardaba en el monte pues lógicamente que el tiempo hacía estragos en él. En esas condiciones, tocaba restringirse de leerlo en la mayoría de veces”

“Después ya vino – me parece – la Voz de la Democracia. Era un periódico grande. Yo lo leía a las escondidas, porque era un delito leer ese periódico. Yo lo leía siendo muy joven. Eso ayudó a fermentar en mí la idea del Socialismo. Fue todo un proceso difícil, complejo, hasta que terminé siendo lo que hasta el momento he sido: ¡Un Comunista!”

“Me trasladé al Tolima. Estando acá hubo muchos personajes que la memoria me falla, no los recuerdo, pero sí una de las personas que influyó para la vida orgánica y militante dentro del Partido Comunista, fue la compañera Ligia Monzón, quien después de largos años de lucha no se mostró muy fina y se marginó del Partido no volviendo a militar. Sería bueno hablar con ella. Para mí, de los cuadros femeninos que ha tenido el Partido Comunista en el Tolima: Buenos, limpios y honestos fue ella: Ligia Monzón. Fue la compañera del compañero Sarmiento, el sepulturero. Vive en el barrio 7 de agosto en Ibagué, tiene una casita y de eso vive. Habría habido discrepancias entre ella y la dirección del Partido, entonces la orden era nada con ella y uno pendejamente se deja llevar. Pero, para mí fue un gran cuadro del Partido. Entre las mujeres que yo sepa que se distinguió como verdaderamente un cuadro limpio, honesto y consecuente. Mientras ella estuvo administrando los intereses económicos del Partido, nunca supe que Ligia Monzón haya metido los dedos a empuercarse con un centavo. Ese es el concepto que yo tengo de esa señora. Muy buena señora, muy buen cuadro, que de un momento a otro se arrepintió y se marginó de la lucha. Creo que no le está haciendo males al Partido”.

“Otro cuadro que influyó mucho en mi formación política fue el camarada de apellido Balbuena. No recuerdo su nombre. Era un cuadrazaso del Partido. Era una eminencia de camarada. Otro que influyó algo, algo, pero que después se destiñó fue alguien que ahora se me borra su nombre. En otra oportunidad seguramente lo recordaré. Me sabrá disculpar”.

“Creo que llego al departamento del Tolima en 1945, más o menos, prácticamente buscando vida, porque por allá era muy difícil. Busqué la cordillera, me ubiqué arriba del municipio de Murillo. Allá no se podía hablar de política, mucho menos decir que era Comunista, porque se tenía la idea que todo el que era Comunista era ateo, era “matacuras” y al ser supuestamente así, pues la idea era que también había que matarlo. Más que todo eso fue despuesito del 9 de abril de 1948, más o menos”.

“Como Comunista he sabido llevar con mucho honor, alegría y placer el nombre del Partido Comunista. Jamás la conciencia me va a acusar de que por mí hubo alguna traición al Partido o a algún miembro del Partido. Jamás. Toda la vida he sido leal a mi Partido Comunista. Lo he sido y lo seguiré siendo. El Partido debe costarle que mi lucha sobre todo en lo que más me ha llamado la atención, que es la Solidaridad con los Presos Políticos, me he mantenido firme y consecuente. No he vacilado nunca. Ni jamás vacilaré. Yo fundé la Comisión de Solidaridad Pro Presos políticos por allá en 1978, creo, en pleno furor del estatuto de seguridad de Julio Cesar Turbay Ayala. No le saqué el cuerpo hasta hace muy poco tiempo. Me duele hoy que una institución, si así se puede llamar la solidaridad con los presos políticos, esté en una decadencia tremenda. No se sabe si está o no funcionando. Para mí, no está funcionando. He sabido que hay un responsable de esto, pero que no es sino responsable porque él, hasta el momento, creo, según hace unos cuatro meses, tal vez lo que averiguaba en el penal: Nunca lo han visto allá. Nunca. Nunca se ha atrevido a pisar las puertas del penal para visitar un preso político. Ese es: Heber García Zambrano”.

“Durante la época del Estatuto de Seguridad la solidaridad con los presos políticos era tremenda. Era muy tremenda. Me tocó en el penal de la calle 10, muchas veces servir de asno, si así se le puede llamar a los guardianes, que se me montaban tres y hasta cuatro en los hombros para que los corriera en los pasillos del penal, con el único propósito de castigarme la osadía de ser Comunista y que fuera a visitar a los presos políticos. Eso me tocó. Naturalmente son historias personales que nunca aparecieron ni en Voz ni en una denuncia del Partido. Posiblemente no hubo méritos o la información oportuna”.

“Entre los presos políticos que visité en esa época: Pedro Benito, Anaceto Hueso, Ricardo González y muchos más que en estos momentos se me borran de la mente gracias al ímpetu de la peste del olvido. De Pedro Benito tengo una anécdota: El camarada visitaba en mi célula y otros dos compañeros veteranos que vivían cerca al Parque del barrio Belén, en una casita que queda en un hoyo. Allá nos reuníamos. La gracia del camarada Pedro Benito era que se había conseguido un sombrero negro de mujer, un pañolón, botas negras de mujer y una bata. Se venía del barrio Ambalá, en un sector que se llama San Antonio, se venía a la reunión celular, pasando por la calle 25 con carrera quinta, donde había un retén de la hosca policía. En toda la esquina. El camarada pasaba todo disfrazado, después de las seis de la tarde, haciendo sonar las botas y la policía apenas lo miraba. De vez en cuando decía: “Por acá no han de faltar los locos”. Así burlaba la autoridad. Con Benito militaba un compañero llamado Manuel Canillón, que vivía en el barrio Ancón, un camarada viejo llamado Lisandro Carrión, que vivía de los tanques del IBAL para arriba hacia la cordillera. Desde allá se venía cada 15 días, los sábados, para participar de la reunión”.

“En esa época era muy jodido para militar. Si se dejaba pillar era complicado, la llevaba. Además, las reuniones eran largas, pues, duraba uno hasta las dos de la mañana discutiendo los diversos temas en esa especie de sótano. Ese sótano para mí tiene un profundo significado histórico”

“Otro camarada que recuerdo mucho es el compañero Luis Morantes, compañero que posteriormente se fue para la guerrilla y asumió el nombre de Jacobo Arenas. Es la historia de un genio de la revolución. Lo conocí donde Marquito Díaz, cuando él tenía una casa paterna o materna, no recuerdo bien, frente a la portada del penal de la calle 10, en un callejón que iba a desembocar a la casa de Marco. Era una casa grande, de esas antiguas, con ladrillo cuadrado y baldosín. Ahí fue donde conocí al camarada Jacobo Arenas por primera vez. De ahí, prácticamente salió para el “exilio”. Era como dice el cuento: “Muy sinvergüenchón”. Le gustaba ir donde las proxenetas, bueno, mujeres tenía varias, era “perro hinchado”. Una noche que llegó del corregimiento de Tapias fue informado por la compañera de Marquitos Díaz de que lo estaban buscando para cogerlo preso, pero él no le paró bolas y sonriendo dijo que no había que creer en todo lo que la gente decía”.

“Lo conocí siendo funcionario del Partido Comunista en el Tolima. Su sitio preferencial por amistad y por política era la casa de Marquitos Díaz. Mantenía siempre, prácticamente vivía allí, era como su casa. Una vez, tal vez fue la última vez que lo vi en esa casa, de regreso de Tapias de hacer un trabajo político, como ya lo había dicho, yo estaba en la casa hablando con el camarada Marco Díaz cuando llegó y sin dar mayores explicaciones, dijo: “Me voy”.

“Se fue advertido por la compañera de Marquitos de que había un runrún en la ciudad de que lo estaban buscando los agentes secretos para detenerlo. Era más o menos las siete de la noche. Desde esa tarde nunca lo volvimos a ver más. Dijeron en la misma casa de Marquitos, que él tenía un metedero en la calle 24 con carrera cuarta y se fue para allá. Allá, al parecer, lo cogieron. Eso es, más o menos, lo que sé de ese anecdotario del camarada Luis Morantes”.

“La última historia que tengo de él, pero que no es comprobada, fue esa. Dijeron que ahí lo cogieron, lo subieron a un camioncito y se lo llevaron con destino a Bogotá. Él iba en la carrocería. Cruzando la “Nariz del diablo”, el hombre se tiró al río, entablando una lucha contra las aguas del río crecido para no dejarse enrollar hasta que unos pescadores lo sacaron bien abajo. Esa es la historia que conozco de Luis Morantes, pero que no puedo, repito, afirmar categóricamente sobre todo esta última parte. Era un hombre muy sociable, era un verdadero camarada, tenía el mágico don que a todo el mundo le caía bien, era su charla muy agradable, sobre todo cuando tocaba el tema político. Era muy agradable la charla de él, porque era un hombre muy preparado. Leía mucho, mucho…era una de las razones para poder mantener animada conversación sobre los más diversos temas y mantener permanente comunicación con el camarada Marco Díaz”.

“El 9 de abril de 1948, yo estaba todavía en mi pueblo. Creo que había regresado temporalmente. Este pueblo era muy liberal. Yo estaba con un hermano ese día, porque estábamos administrando la finca de mi padre. Ese día estábamos descerezando café, cuando vimos lo que se llamó en esa época “La chusma”, que subía por la carretera como en cuatro o cinco camiones gritando que viviera el Partido Liberal, que abajo “Los Godos hp”, pero como nosotros éramos tan ajenos a la política, no le pusimos mayor cuidado. Solo al otro día nos dimos cuenta que habían matado a Jorge Eliécer Gaitán”.

“Vuelvo y me ubico en el Tolima para referirme a la terrible violencia que se desató en este departamento. La matazón de liberales pobres contra conservadores pobres, mientras los jefes de los partidos se iban del país, fue tremenda, dolorosa, sanguinaria. Recuerdo, la sanguinaria operación o plan “Laso” (Latin América Secury Operations), cuando el gobierno se lanzó por aire y tierra con 16 mil soldados, armados hasta los dientes, a matar a 48 campesinos liderados por Manuel Marulanda Vélez en la extensa región de Gaitania y Marquetalia en Planadas. Es una historia que el partido la tiene olvidada. Son pocas personas, incluyéndome yo, que tengamos claro esta brutal operación de tierra arrasada y que en cierta manera es histórica la resistencia de los campesinos de la zona. Fue tan fuerte como quizá lo fue la operación militar, también de tierra arrasada, en Villarrica, Cunday y Waterpool. En esa operación “Laso” se sintió por primera vez y en forma descarada la presencia militar de los Estados Unidos, quienes utilizaron contra los campesinos hasta la guerra bacteriológica”.

“Se supo que los militares cogían a los campesinos, los subían al helicóptero bien amarrados de pies y manos y los arrojaban al vacío sin piedad alguna”.

“La arremetida violenta del militarismo tuvo un origen o causa: El cuento del doctor Álvaro Gómez Hurtado en el parlamento de las supuestas “repúblicas independientes”. Durante un acalorado debate desarrollado allí, lanzó semejante afirmación. La verdad es que ante la violencia del Estado y los paramilitares de la época, los campesinos crearon lo que se llamó “las autodefensas”, eran campesinos entrenados primitivamente para defenderse. Eso fue lo que rechazó y abominó el doctor Gómez Hurtado. Era el proceso de organizar a los campesinos en su más genuino comienzo”.

“Bueno, considero que he sido un revolucionario hasta muy afortunado. Eso lo sabe el Partido Comunista y lo debe tener en su historia: En 1975, más o menos, me dio la “locura”, cuando era secretario de Agitación y Propaganda en la zona, me dio la “locura”, vuelvo y digo, de poner el periódico a la venta públicamente, porque en esa época, la gente que lo compraba y lo cargaba clandestinamente. Cuando asumo esta tarea, pienso que siendo un periódico que tenía licencia del ministerio de gobierno para circular libremente, por qué no podía venderse públicamente también. Surgió esa idea. El primero que vendió el semanario Voz en Ibagué fue don Cristóbal Lugo, el marido de Bertica. Él fue el primero que vendió públicamente el periódico en Ibagué. Tenía una casetica de venta de dulces y de revistas, la cual estaba situada en la calle 10 con carrera tercera, pegada a la pared de la catedral. En esa casetica, fue donde primeramente se vendió el periódico Voz. Yo le dejé dos periódicos al hombre, sin ningún compromiso: Si los vendía bien y si no los vendía también. Esa semana no vendió ni uno. Yo los recogí todos amarillos, deshilachados y así se los recogí. A los ocho días, le dejé otros dos. De esos dos vendió uno. Y así siguió. A los 15 días vendió los dos. Luego, se expandió. Cuando eso llegaba a Ibagué buena cantidad de periódicos de “Granma” de Cuba, llegaba de la Unión Soviética también. Yo aprovechaba ese periódico que llegaba para ponerlo ahí a la venta y se vendía. Así, se llegó a vender en las calles de Ibagué hasta 45 periódicos “Granma” y el semanario Voz, por supuesto”.

“Una cosa que me lamento toda la vida es no haber conocido a la compañera María Cano personalmente. Lamentablemente. Es un dolor que me produce toda mi vida porque realmente no tuvo la oportunidad de conocerla a ella. Oí sí la noticia de que la compañera había llegado a Ibagué, pero como tenía tanta seguridad, era muy perseguida por el gobierno, la mantenían prácticamente era aislada, aislada completamente, para que la gente no se diera cuenta. Creo que eso fue para no poderla conocer personalmente”.

“En cambio, al doctor Gaitán sí lo vi varias veces en la ciudad: En la plaza “Simón Bolívar” y el parque “Manuel Murillo Toro”. Vino varias veces y estuve cerca de él y además, en la lucha con Gaitán”.

“La lucha de los Comunistas – pienso 88 años después – es una lucha que no es para estarse uno pensando si mañana va a ser o no va a ser, la lucha de los Comunistas tiene que continuar permanentemente, porque gracias a esa lucha que hemos tenido la oportunidad de llevar a cabo durante tantos años, y muy nefastos por cierto, para poder sostener el Partido como es hoy, un Partido legal, que sus militantes se han sobrepuesto al miedo de decir públicamente que son Comunistas. Eso lo llena a uno de satisfacción y de orgullo. Se siente uno verdaderamente realizado y acertado haber asumido el camino Comunista”.

“Los diálogos entre las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, ejército del pueblo, FARC – EP y el gobierno Santos, considero que los diálogos que se vienen dando, así se tomen como oportunismo de Santos, puede serlo, pero a la hora de la verdad, es una oportunidad que las FARC y el Gobierno deben aprovecharla”.

“En ese sentid, me permito hacer un llamado fraternal al pueblo colombiano: Lo primero: bien o mal de lo que se ha hecho acerca de la revolución colombiana hay que conservarlo, modificando algunas cosas, pero hay que continuarlo, porque los mismos estatutos de las FARC, del Partido, aceptan que todas las formas de lucha son aceptables en la revolución. Creo en la revolución colombiana. He sido toda la vida un convencido de ella”.

“Claro, yo también pienso a cerca de la muerte. La muerte es un capítulo de la vida del hombre. No le tengo miedo a la muerte. Es una cosa muy normal. La muerte está con uno desde el momento en que el padre lo engendra a uno hasta el tiempo que uno logre vivir. Por ejemplo, en este estado en el que me encuentro en este momento: Enfermo, viejo, me siento con la muerte en un lado y la vida en el otro lado. Están ahí, son juntas. No puede uno prescindir ni de la una ni de la otra. La muerte y la vida es una misma cosa. Siempre están juntas”.

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