Posteado por: nelsonlombana | enero 24, 2013

El acuerdo de Chapultepec

El presidente Juan Manuel Santos Calderón y su patota arman tremendo escándalo con la firma del acuerdo de Chapultepec.- Foto internet

El presidente Juan Manuel Santos Calderón y su patota arman tremendo escándalo con la firma del acuerdo de Chapultepec.- Foto internet

Por Nelson Lombana Silva .- PaCoCol

(Ibagué, enero 24 de 2013) El presidente Juan Manuel Santos Calderón y su patota arman tremendo escándalo con la firma del acuerdo de Chapultepec que plantea el tema de la libertad de prensa. Cree que con una simple declaración es suficiente para hacerle creer al mundo que en Colombia hay libertad de prensa. Sin exagerar podríamos decir que estamos ante un “falso positivo”, porque realmente en este país no hay libertad de expresión y por el contrario, lo que hay es un aparataje publicitario para sostener uno de los regímenes más criminales en toda la historia de la humanidad.

En Colombia hace rato desapareció la sala de redacción. Ésta fue reemplazada por la sala de la censura; hace rato desapareció el reportero, hoy es el publicista: Si me da la pauta hablo bien y si no hablo mal; desapareció el reportaje, hoy es el publirreportaje. Antes había un cuestionamiento serio, hoy es qué quiere que le pregunte presidente, gobernador, etc.

Esa caricatura de periodismo es la que Santos y su patota convalidan con gran aspaviento. ¿Qué ha pasado con los periodistas honrados y consecuentes con su profesión? Unos están ignorados, otros censurados, otros en el exilio, otros amenazados y otros en el necrópolis. ¿Cuántos periodistas asesinados en Colombia?

El neoliberalismo arrasó también con esta bella profesión como bien la calificó en su momento Gabriel García Márquez. Hoy cualquiera puede ser periodista o comunicador social. El que tenga plata compra un espacio se pone a hablar sandeces, se confabula con el gobernante de turno y ya es periodista “estrella”. Para no ir muy lejos en nuestro medio tenemos “periodistas” que no saben ni leer, ni escribir. Es más: periodistas que no piensan, el que paga la pauta piensa por él. Da lagrimeo ver como se repite maquinalmente los famosos boletines de prensa sin omitir una coma.

Ese tipo de falso periodismo es el que Santos y Delgado Peñón admiran, respetan y financian a dos manos. En cambio, le huyen a la prensa alternativa, a la prensa que busca fiscalizar, indagar y llegar al fondo de los hechos para denunciarlos con objetividad y compromiso social. Qué miedo con VOZ La verdad del pueblo, qué miedo con la página web: http://www.pacocol.org. Por el contrario, la tarea es acabarla, aniquilarla. En esa tétrica tarea lleva este régimen más de 55 años propugnando por eliminar el semanario VOZ La verdad del pueblo, por ejemplo. Dinamitaron su sede en Bogotá, asesinaron al director y senador de la república, Manuel Cepeda Vargas, asesinaron corresponsales, tienen en la mira al actual director Carlos A. Lozano Guillén y algunos corresponsales. Esos personajes de pacotilla ahora aparecen como los “adalides de la libertad de prensa”. ¡Qué bárbaros!

En 1994, se realizó una conferencia hemisférica sobre libertad de expresión en el castillo de Chapultepec, ciudad de México, conferencia dominada por los mercaderes de la noticia, conferencia que arrojó como principal conclusión el respeto a la libertad de expresión, lo cual no ha dejado de ser un documento de buenas intenciones porque los gobernantes burgueses  nada de eso cumplen. Lo único que se da son declaraciones rimbombantes e hipócritas. Es decir, de dientes para afuera.

Solo una reflexión: ¿Qué están haciendo los grandes medios con los diálogos de la Habana? Desinformando, tergiversando, minimizando, alienando la opinión pública para presentar semejante acontecimiento histórico como algo intrascendente, de poca monta. Qué postura más miserable y criminal, por cuanto allí se está jugando el futuro del país. Se está definiendo la paz con justicia social, la culminación de un conflicto que lleva más de 50 años y que ha originado miles, miles y miles de víctimas inocentes. Sin embargo, para la gran prensa eso no es importante, lo importante es la reelección de Santos o las babosadas del ex presidente Uribe. Eso sí es noticia. ¡Qué bárbaros!, vuelvo y digo.

Esa prensa amarillista es la que defiende Santos y su patota.

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