Posteado por: nelsonlombana | febrero 5, 2013

“La primera escuela política de Manuel Marulanda Vélez fue el Davis”

La gran escuela pedagógica y política del inmortal comandante Manuel Marulanda Vélez, a través del apasionado, honrado y valiente relato que hace el camarada Luis Rosendo Cruz Barrios.- Foto nelosi

La gran escuela pedagógica y política del inmortal comandante Manuel Marulanda Vélez, a través del apasionado, honrado y valiente relato que hace el camarada Luis Rosendo Cruz Barrios.- Foto nelosi

Por Nelson Lombana Silva .- PaCoCol

(Ibagué, febrero 5 de 2013) Bien se podría titular este reportaje: “Del Davis a la Habana, Cuba”. Sin embargo, hemos querido caracterizar el momento del Davis como la gran escuela pedagógica y política del inmortal comandante Manuel Marulanda Vélez, a través del apasionado, honrado y valiente relato que hace el camarada Luis Rosendo Cruz Barrios.

Dicho relato, exento de términos rimbombantes y figuras literarias, se constituye en una verdadera historia no contada tal cual es, acontecida patéticamente en el sur del Tolima y que tiene una profunda resonancia nacional. Quien no conoce la historia está condenado a repetirla. A través de esta cruda narración se devela el origen de la violencia y el surgimiento de la insurgencia armada, caso particular de las FARC – EP. El camarada Cruz Barrios aporta elementos muy valiosos para armar y reconstruir la verdadera historia de nuestro departamento y del país. El relato está escrito en primera persona y se hizo el mayor esfuerzo por transcribir textualmente lo dicho:

“Bueno, me llamo Luis Rosendo Cruz Barrios, nací el 27 de marzo de 1940 en el municipio de Chaparral, Tolima, siendo mis padres: María Eliza Barrios y Agapito Cruz. Tengo recuerdos muy nítidos de cuando tenía 10 años por cuanto mi niñez fue muy dura y compleja por la pobreza y la violencia extrema que conmocionó el sur del Tolima, violencia promovida desde el gobierno central y que llevó a una respuesta campesina, dando origen al movimiento guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, ejército del pueblo, FARC – EP muchos años después. Soy hijo de la violencia y del abandono total del Estado, soy hijo del miedo, de la injusticia social, pero también de la esperanza en un país en paz y con justicia social. La esperanza y el optimismo son dos características propias de los revolucionarios, de los Comunistas y yo soy Comunista”.

“En 1950 es cuando se viene la violencia en Colombia con todo su furor y comienza por el sur del Tolima. Desde muy niño me tocó echarme la maleta al hombro, el costalito y corra para el monte con familia y todo. En esa etapa histórica es cuando comienza a aparecer los primeros grupos alzados en armas llamados: Autodefensa. En esa etapa venía toda una persecución contra el campesino por los lados de El Limón, territorio de Chaparral, mataron una cantidad enorme de campesinos a manos de la “Chulavita”, ellos venían persiguiendo a la agente, especialmente a los que se declaraban de izquierda. El que dijera que era Comunista más lo perseguían”.

“A raíz de esa política de terror, con la complicidad de los policías y los militares, surge como respuesta las denominadas “Autodefensas Campesinas”, que eran los mismos campesinos cansados de tanto correr y ver tanta injusticia, decidieron organizarse y armarse. Eran finqueros de la zona. Recuerdo cuando nos tocó escondernos en la finca propiedad de don Olimpo Mendoza, porque se tuvo conocimiento que venía una primera arremetida de la “Chulavita” dándole parejo a los Liberales y si se enteraban que era Comunista, pues, más duro le daban”.

“Ante esa dura realidad, viejos habitantes de la zona como Pedro Ramos, Eliseo Manjarrez, Agapito Cruz, Federico Cruz, Vicente Cruz, un antioqueño de apellido Restrepo, entre otros, conformaron el primer grupo alzado en armas con puras escopetas de fisto y de cápsula, machetes y palos. ¿Qué pasa? En la primera arremetida que fue por los lados de la vereda El Astillero, municipio de Chaparral, los campesinos eran prácticamente indefensos. Eliseo Manjarrez era el único que tenía experiencia militar porque había pagado servicio, entonces se convirtió en el jefe, en el líder. Con esos fistos se sostuvo el primer enfrentamiento, combate que se desarrolló en lo que hoy se llama “El filo de las Trincheras”. ¿Por qué se le llama el filo de las trincheras? Porque en esta vereda había un filo, una curva por el camino, entonces los campesinos abrieron rotos y por ahí metían el cañón de la escopeta y cuando iban cruzando los “Chulos” abrieron fuego y mataron tres ese día, con la dirección de Eliseo Manjarrez”.

“El grito de combate y de alerta para todos era: “¡Ahí viene los Chulos!”. “Los Chulos” era el mismo ejército, las mismas fuerzas del gobierno. En ese tiempo le decían “Los Chulos”. Ellos venían  matando a cuanto liberal encontraban a su paso, quemando los ranchos y las cosechas”.

“En ese día, nosotros los pequeños estábamos en el otro filo, en una especie de cañón, cerca, cuando se escuchó el primer tiroteo; recibimos la orden de meternos todos a lo más espeso del monte, porque “Los Chulos” venían matando también a los niños. Ese día cayeron tres “Chulos” con esas escopetas de fisto, los demás salieron corriendo como buenos cobardes al darse cuenta que habían los campesinos hecho resistencia a sus fechorías por primera vez, pero claro, los campesinos también huyeron sabiendo que los otros estaban mejor armados. La violencia se disparó sin control alguno. Aumentó la brutalidad por parte de “Los Chulos” en toda la extensa región”.

“Salimos del monte al saber que el combate había pasado. La noticia corrió como pólvora por toda la región y toda persona que era correteada llegaba allí y se sumaba al movimiento de “Autodefensa Campesina”. Ese movimiento fue creciendo. Llegaban de veredas como La Marina, Cañón de las Hermosas y muchas zonas más distantes, debido a que “Los Chulos” venían quemando casas, cultivos, todo cuanto encontraban a su paso. Casa llenas de café, comida, cosas de los campesinos, las quemaban sin remordimiento, por el contrario, con una sed extrema de venganza y de odio hacia los liberales”.

“Tiempo después y, durante esa azarosa etapa, conocí a Pedro Pablo Rumique, llamado teniente Canario. Había sido también militar. Por el Cañón de las Hermosas se presentó otra arremetida grandísima y ese tipo les peleó solo en este cañón con una escopeta barranquillera, tumbó un “Chulo” y se presentó al sitio donde estaban los campesinos organizados llamado “El Horizonte”. Era una vereda pegada al Astillero. Se denominó en lo sucesivo: “Comando El Horizonte”, era como el cuartel general, para decirlo de alguna manera. El movimiento de autodefensa campesina fue creciendo, fue creciendo”.

“Después apareció el otro foco de autodefensas campesinas por los lados de El Limón, que lo dirigía el compañero Isauro Yosa y otros con una formación política de izquierda, pues, recibían orientación del Partido Comunista. La consigna era no dejarse matar miserablemente gracias a que ya había compañeros que estudiaban la política y poco a poco iban entendiendo el origen de la atroz violencia en los campos del sur del Tolima. Era gente orientada, repito, por el Partido Comunista de defender la vida, sus pocas pertenencias y el derecho a tener un espacio libremente”.

“Así las cosas, producto de la represión militar y de los Chusmeros, el movimiento de “Autodefensas Campesinas” se fue creciendo exponencialmente. Rápidamente fue creciendo. En pocos días era un grupo grandísimo. La represión también aumentó en forma alarmante. Volvió una nueva arremetida a la vereda El Astillero. Los campesinos les volvieron a pelear. En la primera oportunidad solo mataron un viejito que imprudente se asomó al filo pensando que habían matado a sus hijos, pero resultó que el muerto fue él, los Chulos estaban recogiendo sus muertos y heridos y le pegaron un tiro de fusil en la parte posterior de la cabeza”.

“Ese movimiento en armas después fue a parar a la finca La Coralia. Allí los asaltaron, los cogieron descuidados y no hubo muertos pero sí perdieron una cantidad considerable de fistos. Allí permanecieron un buen tiempo y fueron víctimas de otra arremetida, pero ya el movimiento se había preparado con bombas de mano, era ese grupo que se llamaba en esa época genéricamente como “La Chusma”. Así nos decían los enemigos. En ese grupo había de todos los colores, pero principalmente liberales al principio, que estaban luchando exclusivamente por salvar el pellejo. Esa era la causa del alzamiento, la lucha por salvar la vida y las pocas pertenencias. En ese combate de la Coralia, ya nosotros los niños estábamos en el filo de Pando Líbano, arriba. Allí cayeron en combate varios Chulavitas, porque la Chusma ya estaba preparada con bombas de mano, repito. La violencia se torna más dura, se desarrolla con más sevicia”.

“En ese combate le quitaron al enemigo una carabina punto 30, cuando un campesino le metió un escopetazo a un Alférez que iba adelante. El campesino recogió la carabina y la llevó al comando sin utilizarla porque no sabía manejarla, tomando posesión de ella el comandante Canario. Fue duro con esa carabina en la zona. De esta manera, se fueron consiguiendo más armas en los combates con los “Chulos” de diversas marcas como los Gras”.

“De allí, la organización se trasladó más hacia el centro de la montaña. Se ubicó en el Davis, fue la unión con la familia de los Loaiza, era otra especie de movimiento que también era correteado y que lideraba esta familia. Era un movimiento netamente liberal. Era un grupo alzado en armas también perseguido por los Chulavitas. Eran varios: Gerardo con sus hijos y otra familia de apellido García, donde estaba “Peligro” y “Terror”, entre otros”.

“Allí, estuvieron unidos durante un buen tiempo. Claro, separados en su dinámica de vivir, pero salían en comunión a pelear, estaban de acuerdo entre sí. Allí fue donde conocí a los Loaiza. Ellos destacaron comisiones para regresar a recoger todas las familias que habían quedado regadas, para llevar  al Davis, formándose un comando grandísimo, creándose las caletas para dormir. Era como un pueblo, era mucha gente, el movimiento se creció, hoy calculo en algo más de dos mil personas entre chicos y grandes, hombres y mujeres. El rancherío, allá en la cima se creció. El armamento para entonces eran las escopetas de fisto y las de cápsulas y el machete”.

“Sé que se desbarató los acuerdos con los Loaiza porque los del Davis comenzaron a mandar correos para afuera y para todas partes. Tenían una comisión especializada que se llamaba “El Disco Rojo”. El Disco Rojo era un grupo de compañeros encargados de salir a hacer contactos. Ellos salían en busca de información y de cosas para el numeroso movimiento de niños, jóvenes, adultos y ancianos ubicados en el Davis, que estaban allí, no porque quisieran sino por un instinto de conservar sus vidas de los Chulos y la Chulavita”.

“Hasta donde yo sé es que los Loaiza se habían descontrolado a raíz de una comisión que salió y recuperaron unas carabinas y se habían puesto a discutir por la propiedad de una de ellas, porque los Loaiza todo lo que cogían era para ellos, mientras que los del Davis lo que cogían era para repartirlo entre la familia. Es decir, todo era colectivo. Todo, absolutamente todo, hasta la ropa tocaba compartirla entre la familia sin privilegios de ninguna naturaleza. Imagínese usted cómo se iba a hacer para mantener todas esas familias, era un reto muy grande”.

“Cuando llegué al Davis tenía diez años larguitos. Recuerdo muchas cosas de esa época porque a esa edad nos tocaba trabajar casi como grande, nos tocaba buscar por todos los medios la forma de defendernos y de sobrevivir al horror de la violencia y las dificultades económicas. La situación era dura. Quizás más de lo que uno en un momento determinado se pueda imaginar”.

“La dinámica allí era permanente. Nadie podía estarse quieto o haciendo pereza. Todos y todas teníamos que estar haciendo algo, aportando para la subsistencia. Salían comisiones grandes para todos lados y con misiones específicas, teniendo en cuenta que el movimiento seguía creciendo; eran personas guapas. Se fueron especializando las actividades. Por ejemplo, había un grupo únicamente preparándoles el calzado a los combatientes, calzado a punta de puro fique. Era unos sacando fique, otros haciendo clinejas y los otros haciendo los alpargates. Las mujeres y los niños andábamos a pata limpia. Las alpargatas eran únicamente para los que salían a comisiones largas”.

“En esa dinámica compleja y dura, aparece la figura del compañero Manuel Marulanda Vélez, quien fue recogido por el Davis, en una comisión que iba para Gaitania. El compañero Manuel tenía bajo su mando un grupo pequeño, al hacer contacto con la comisión del Davis se interesó y después de una larga discusión decidió vincularse. Algunos de la comisión no estaban de acuerdo con aceptarlo, pero otros opinaron lo contrario: “Recojámoslo que este hombre puede servir para alguna cosa”.

“Así fue que llegó al Davis. Manuel no quiso arrancar para el campamento de los Loaiza, prefirió el destacamento del Davis, sobre todo le gustó la disciplina y que todo era de todos por igual. Se recordará que los Loaiza se ubicaron a la rivera de la quebrada La Ocasión, aparte del Davis. Se encontraban las comisiones pero no pasaba nada, se respetaban mutuamente al principio. Así se protocolizaba la división: Los del Davis eran llamados los “Los Comunes” o incluso, se les llegó a llamar los “Sucios” y los Loaiza eran los “Limpios” que tenían orientación principalmente del directorio liberal. Los Comunes – por su parte – tenían orientaciones de los Comunistas”.

“Estaban divididos pero había un respeto mutuo, no peleaban entre sí en ese primer período de lucha y resistencia. El destacamento del Davis se creció más que el de la Ocasión. Su organización y disciplina y la compenetración con los campesinos de la zona les dio más fortaleza. Los Limpios, que eran guapos para la pelea, comenzaron a distanciarse de las masas por posiciones hoscas y contrarias a la lucha que los había llevado allí. En ellos se desarrolló el bandalaje, muchas veces quedándose con los bienes hasta de sus mismos copartidarios. Ese comportamiento fue haciendo mella para su desacreditación paulatina en toda la vasta región”.

“En el Davis, conocí al compañero Manuel Marulanda Vélez, siendo él muy joven y yo muy niño. Cargaba una escopeta de cápsula muy buena. De la primer comisión grande que despachó el Davis, hacia parte el compañero Manuel y los principales dirigentes. Esta se encaminó al sitio llamado Órgano, Huila. Allí se tomaron el cuartel de policía donde había 40 uniformados bien armados y lograron reducirlos a la impotencia cogiendo todos esos pertrechos de guerra. Esa vez pelearon hasta con machete. El combate los llenó de alegría y de valor para seguir en la batalla tomando ahora sí armas más poderosas. Los más diestros recibieron ese armamento y les dieron el mejor uso”.

“En el Davis había una cantidad de jefes, ahora no recuerdo todos sus nombres, de pronto más adelante lo haga. Había uno llamado “Timoleón”, Pedro Rumique, que era el teniente Canario; era el jefe de los “Comunes” en la parte militar; en la parte política eran: Eliseo Manjarrez, Pedro Ramos, el antioqueño Restrepo, Isauro Yosa, o sea, el teniente Líster, etc”.

“La vida diaria en el Davis era muy dura. Los viejos los pusieron a sembrar comida, teniendo en cuenta que primeramente no era sembrando sino rebuscándola en otras regiones el sustento para todos, pero al presentarse escasez, la orientación fue sembrar y esa tarea la hacían los viejos que no cargaban armas. Salían comisiones hasta de 30 personas con igual número de mulas en busca de comida y los muchachos que éramos más de 500 ya entrenados aunque sea para correr. Nos tocaba salir con una mochilita o un canastico pequeño a buscar comida. Había épocas tan duras que no conseguíamos nada de comida y nos tocaba llevar trozos de caña de azúcar”.

“En el Davis repartían equitativamente esos toletes de caña, lo mismo era la comida: Se repartía así fuera poquito pero para todas las familias. Al principio había buena comida y ganado, pero todo eso se agotó. Las comisiones grandes tenían unos rancheros con dos fondos grandes, los cuales mantenían llenos de comida, pero cuando no sucedía así, esas comisiones llegaban a comer solo plátano y yuca cocinada. Se acababa la sal. Ésta era traída por las comisiones de afuera. Se repartía para todos, pero una vez se acababa tocaba comer sin sal, eran esas olladas de comida pero sin sal. Era comiendo fríjol sin sal”.

“Recuerdo cuando se acabó por completo la comida, cuando se puso escasa. Uno andaba tres horas de camino y no conseguía comida. Entonces se decidió sembrar comida porque la tierra era muy fértil. Se trataba de sembrar fríjol, maíz, plátano, caña de azúcar, etc. Eso se hizo. Porque el movimiento seguía creciendo. Todos los días llegaba más gente desplazada por la violencia”.

“Así pasaba el tiempo. El enemigo no se metía de lleno. Por etapas hacía intentos. Por el contrario, los Comunes y los Limpios salían a buscarlos. Después el Davis, antes de la última arremetida que recuerdo tanto, el gobierno le metió la aviación para bombardear. Resulta que los del Davis habían hecho unas cuevas, unos túneles por debajo del plan grande que había”.

“Sabedores del inminente bombardeo indiscriminado, los dirigentes  ordenaron a los habitantes  estar desayunados a las cinco de la mañana para ocultarse en estas cuevas porque la noticia era que en cualquier momento aparecería la aviación. Así fue. Recuerdo el primer bombardeo. Lanzaron unas bombas inmensas que dejaron unos huecos inmensos, pero no lograron matar a ninguno. Estas primeras bombas impactaron  en el rancho donde se hacía la comida. Era un rancho grande y le zamparon una bomba grande, las demás no lograron dar en el blanco, pero no lograron matar a ninguno. Los fusileros intentaban repeler el ataque disparando sus armas con mucha valentía y coraje parapetados en unos árboles corpulentos. Aquellos bombardeos se siguieron presentando cada vez con más frecuencia y dureza, acabando con la naturaleza, matando animales y sembrando el terror entre los habitantes. Eso, sin embargo, tensaba más el acero de los campesinos de la región, se constituía en una especie de escuela que se iba asimilando a un costo elevado pero importante. Es decir, cada vez entendíamos más la razón de nuestra lucha”.

“La última arremetida con esas características ocurrió por los lados del Caucho, llegando a la finca San José, la cual estaba ubicada al otro lado del Davis, finca que era de un ganadero que tenía 60 reses; como el movimiento respetaba al máximo la propiedad privada, no se atrevía a tomar una sola res para su alimento, por el contrario, ofrecía todas las garantías para que los semovientes se desarrollaran normalmente. Los del Davis cuidaron, incluso, con esmero esa propiedad privada, pues se trataba de enseñar más con el ejemplo que con la palabra. Se trataba de demostrar que no éramos Chusmeros, ladrones y desalmados como nos presentaba el gobierno en los medios de comunicación”.

“¿Cómo fue la resistencia? Colocaron unos fisteros en unos palos y más hacia arriba los fusileros. Los escopeteros estaban dirigidos por el indio Dante, el que se ubicó bajo un árbol Caucho grande para postear y cuando apareció el primer Chulo que era el dragoneante Muñoz, le metió un fistazo y lo mató. Decía el indio: “Si no lo mati, lo hirí, pero lo tumbí sí”. Una vez cumplió la misión salió corriendo. El enemigo subió hasta San Miguel, que era una planada llena de ganado. A nosotros los muchachos nos mandaron para la Lindosa con el fin de protegernos. Allí  nos tocó aguantar hambre, frío y susto. Los campesinos se ubicaron de tal manera que no dejaron al enemigo pisar tierra del Davis, durante varios días la pelea se sostuvo con bastante fiereza. Indignados los Chulos porque no pudieron entrar cogieron con la ametralladora y mataron todas las reses que había en esa finca con balas envenenadas para que los campesinos no pudieran utilizar un solo pedacito de carne y de paso desacreditar el movimiento campesino de resistencia que iba generando admiración en diversas zonas del país. El dragoneante Muñoz fue rescatado y enterrado en la zona por el movimiento campesino en un acto de solidaridad y de respeto a los vencidos, como lo señala el Derecho Internacional Humanitario, DIH, que por supuesto nosotros desconocíamos su existencia pero lo practicábamos”.

“Una vez pasa esa arremetida somos reunidos nuevamente y la orden es salir con toda la juventud a buscar comida porque la gente se encuentra aguantando hambre. Nos fuimos por los lados que habían matado el ganado y lo encontrábamos arrodillados, todos envenenados porque las balas usadas para matarlos habían sido envenenadas. No se podía utilizar una sola parte del animal por esa razón. La gente desesperada por el hambre comía ahuyama cruda. Para cargarla se le hacía una espátula al palo por ambos lados, se empataba y se cargaba así al hombro de chico y grandes. Sin sal tocaba consumirla, lo mismo con la vitoria. Eso tocaba hacerlo en el Davis. Fue la última arremetida al Davis que recuerdo yo”.

“Después no vino más la arremetida por parte de los Chulos, vino la pelea cruenta con los Limpios, es decir, los Loaiza. Comienza la división entre los Limpios y los Comunes, porque los Limpios comienzan a matar los correos de los Comunes, comenzaron a desaparecer gente del Davis y a hacer cosas propias de los forajidos como era robar y matar para apoderarse de los bienes del otro. Es decir, hacer cosas delincuenciales. Los del Davis no estuvieron de acuerdo y se emberracaron   hasta que se protocoliza la inevitable pelea. El primero que desaparecieron fue al compañero apodado el Diablo, era del cañón de la Marina, hacía parte de la familia de los Chávez del cañón de la Marina. Era grandote, pintado, era caratejo. Era verraco para salir a buscar información y cosas para el movimiento, por eso lo tenían como correo. Fue el primero que desaparecieron los hombres de los Loaiza”.

“El enfrentamiento fue verraco. En ese enfrentamiento fue que murieron muchos hombres valiosos de bando y bando. Entre otros Coconito, Canario, Pellizco, Guapo del Davis, pero también por las huestes de los Limpios cayeron sus principales hombres como Terror, Veneno, Tarzán…bueno… una cantidad de gente valiosa murieron. Esa matazón duró por lo menos dos años, porque creo que la violencia duró algo así como tres años porque después vino la entrega en la amnistía del general Gustavo Roja Pinilla. Cuando vino ésta, los Limpios estaban prácticamente agotados, estaban muy mal, los del Davis les habían quitado mucha gente, pero los del Davis habían también perdido una enorme cantidad de gente buena”.

“Creo que el último enfrentamiento entre Limpios y Comunes fue en el Quebradón. Por allí pasé cuando venía de vuelta tiempo después. En ese enfrentamiento fue que los Loaiza perdieron sus principales cuadros. Entre otros a Veneno, Tarzán, Terror, que era el más metelón de los García. Ellos pensaron en tomarse el Davis, pero no pudieron. Allí se armó una vez más toda la gente para la pelea, sobre todo una vez que las comisiones armadas estaban por fuera, no estaba sino el de la ametralladora, que era una punto 30, con esa arma principalmente le sostuvo todo el tiempo pelea a los invasores, a pesar de que atacaron por todos los costados con fiereza, pero no pudieron tomarse el Davis, la defensa fue mucho más audaz y valiente para rechazar la cruda y violenta arremetida de los Limpios. El compañero de la carabina punto 30 disparaba en un lado y corría para el otro extremo y luego para el otro. Posiblemente los inoportunos visitantes creyeron que había mucha resistencia y desistieron de la idea de tomarse el Davis”.

“En esas condiciones, los Limpios que quedaron se aprestaron a acogerse a la amnistía del general Rojas Pinilla, liderada por Peligro. La dirección superior del Davis se marchó porque ellos decidieron no entregarse, quedando un grupo de guerrilla por ahí, lo mismo los del Davis, un grupo quedó por ahí y los demás se fueron. Peligro se entregó y de una vez se alió con los Chulos, es decir, con las fuerzas militares adictas al gobierno. Los del Davis prefirieron irse pero no entregarse. Peligro era Leopoldo García, se alió con las fuerzas militares y de una vez se vinieron y cogieron a algunos del Davis, con mentiras los llamaron pero era para ser cogidos, los que fueron llevados para los lados de La Ocasión”.

“Ese día que yo llegaba con mi mamá y unos muchachos los vi presos, uno intentó escaparse y fue asesinado, no recuerdo su nombre ahorita. El resto los llevaron presos, amarrados. El que dirigía a la juventud lo cogieron ese día, éramos el batallón Sucre, a nosotros los jóvenes nos decían el batallón Sucre allá en el Davis, ahora que me acuerdo. Los del Davis se fueron de allí con destino a Villarrica, Tolima, donde posteriormente formaron un comando y allí también pelearon con dureza y le tumbaron mucha gente al gobierno. Esos compañeros pelearon mucho, pero nunca se entregaron”.

“Los Loaiza y los García, unidos con los Chulos arman lo que se llamó la “Contraguerrilla”, con el fin de perseguir a los del Davis que habían decidido no entregarse, generándose una persecución tan verraca. Esto es un historial muy verraco, una historia que permanece desconocía y que debería saber el pueblo colombiano para entender el momento histórico que estamos viviendo y la necesidad de apoyar los diálogos entre el gobierno Santos y la guerrilla”.

“Mi padre ya había salido del Davis, era un veterano del Davis y su principal función era la peluquería. Él era el peluquero del comando del Davis, ya no lo dejaban ir a pelear por sus años y había sido una persona que se había destacado en su firmeza, lealtad y compromiso con todos los del Davis. Era el peluquero de toda esa gente. Él se había venido con los dos hijos mayores, Jorge Enrique y Juanito, a rebuscarse por acá afuera, tomando por los lados de Chaparral. Cuando iba entrando a este municipio le aconsejaron que no se metiera porque ya había sucedido la entrega y los Loaiza y los García, junto a los Chulos los estaban persiguiendo. Se quedaron ahí y una comisión de los Loaiza y los García, los asaltaron ese día en la pura trocha y ahí mataron el que manejaba con maestría la carabina punto 30, cuyo nombre no recuerdo ahora. Se dejó coger otra vez. Porque – recuerdo – que a él lo habían cogido cuando la primera etapa y se les voló y viene ahí y se deja coger”.

“Mi papá, mis hermanos y otros se volaron esa tarde y él si se dejó coger y lo mataron. Ellos iban a rescatarnos a nosotros, pero no se pudo. Entonces nosotros nos vinimos después con unos viejitos, unas familias, cruzando el Quebradón y toda la zona que manejaba los Limpios, nos dejaron pasar, porque éramos muchachos y mujeres los que veníamos revueltos con los viejitos. Fue una travesía muy dura, pero la cruzamos. Salimos a la Sonrisa, por la entrada de Puente Verde hacia arriba, este sitio queda yendo para el corregimiento de El Limón. Yo era el más pequeño y sin embargo me tocó traer muchachitos, muchachitas y cargado, pero nos vinimos. Más adelante mandaron a un tipo a encontrarnos, no recuerdo su nombre. Los Loaiza y los García se sentían grandes porque estaban aliados con los militares”.

“Sobre cómo surge en la historia de la resistencia y lucha campesina Gaitania y Marquetalia es toda una larga historia llena de sacrificio, abnegación y diría heroísmo, que por supuesto no cuenta la versión oficial del gobierno nacional, ésta permanece en el anonimato, en el olvido. Una vez se produce la amnistía hay un cese de hostilidades. Es cuando el compañero Manuel Marulanda Vélez, Isauro Yosa llamado Líster, entre otros, fueron a parar a Gaitania con el moreno Jacobo Prías Alape o sea Charro Negro, Prías Alape era un comandante de los compañeros alzados en armas que perteneció al Davis. Mariachi tenía un grupo en Planadas haciendo parte de las fuerzas militares. Un día le colocaron una cita para conversar con Charro Negro en el corregimiento de Gaitania, él asistió confiado y en realidad era una celada para asesinarlo. Lo cogieron solo e indefenso y lo mataron los hombres de Mariachi azuzados por los militares y el gobierno nacional. Jacobo Prías Alape era el comandante, tenía más poder que Manuel Marulanda Vélez”.

“Mariachi, Jesús María Oviedo, había sido del Davis, pero se torció y asesinó a Charro Negro. Mariachi siguió con el gobierno, pero después lo mataron en el corregimiento de Santiago Pérez, donde había montado un almacén bien montado, frente al puesto de policía. No se sabe quien lo mandó a matar, pero es muy posible que hubiera sido la respuesta al asesinato de Charro Negro. La gente se enojó por este asesinato porque la gente veía a Mariachi como un verraco, pero de ahí no pasó. Yo estuve una vez en el almacén de él e inmediatamente me conoció. Me dijo: “Quihubo subversivo”. Claro, me conocía porque ambos habíamos estado en el Davis, pero conmigo nunca se metió. Cuando me dijo así, yo escasamente le contesté con una sonrisa, pero claro, yo sabía ya que era torcido. Dialogamos un rato sobre negocios y sobre cómo había conseguido el almacén. Estaba bien ahí, era “don verraco”. Ahí lo mataron. Dicen que llego un tipo y lo pistolió. Al parecer estaba sentado, se sentía seguro. Había dizque estado en los Llanos y le había hecho una pataleta al gobierno que si no le ayudaba, se volvía a alzar en armas, le dieron plata y con eso instaló ese negocio. No estaba tan viejo”.

“Dando grandes zancadas sobre la historia del sur del Tolima: sobre la Operación Marquetalia, ya nosotros estábamos trabajando por los lados de Chaparral. Sé que los campesinos de Gaitania y Marquetalia también estaban trabajando en esta zona tan extensa que yo conozco metro a metro, prácticamente. Regiones como Peñarrica, San Miguel. En esa época nos echábamos cuatro horas de Gaitania allá en bestia y a Marquetalia cerca a ocho horas con carga las bestias. La gente estaba trabajando fuertemente, echando grandes rosas de maíz, frijol pero en cantidades, las 15 y 20 arrobas de maíz y frijol que eran sembradas, una vez descubrieron toda la región derribando montaña con mucho sacrificio. No estaban peleando, estaban quietos, vuelvo y le digo: Trabajando”.

“Fue la época en que dirigentes del Partido Conservador, entre ellos, Álvaro Gómez Hurtado, dijo en el parlamento que aquello eran “Repúblicas Independientes”, las cuales no podían existir. Creo que fue en realidad el cuento para justificar el desembarco de 16 mil militares por aire y tierra en la zona con la idea de arrasar con todos esos cultivos e impedir el bienestar de los habitantes de la zona, era el gobierno conservador de Guillermo León Valencia en el año de 1964. Cuando eso, a uno lo reclutaban para pagar el servicio militar a la edad de los 21 años. A mí me reclutaron en Chaparral junto a muchos campesinos de la zona, pero a la final a ninguno admitieron en la fila del ejército y el gobierno prefirió darnos la libreta militar. ¿Por qué? Porque nos decían que de pronto al tener las armas volvíamos a pelear por nuestros de derechos y al lado de los sobrevivientes del Davis”.

“Afortunadamente, los campesinos de esa zona ya tenían pleno conocimiento de los planes de los militares y del gobierno nacional, por eso habían enviado distintos correos al gobierno central diciendo que no querían pelear con nadie, que ellos estaban dedicados era a trabajar y que por el contrario, necesitaban créditos blandos y asesoría de las entidades del gobierno. A pesar de esos documentos, esos pronunciamientos sentidos de los campesinos, la contestación del gobierno nacional fue la respuesta militar colocando en ejecución la “Operación Marquetalia” o Plan Laso (Latin América Secury Operatión), operación militar de tierra arrasada dirigida directamente por asesores militares de los Estados Unidos, quienes utilizaron lo que se llamó “guerra bacteriológica”, es decir, el envenenamiento de las plantas y los cultivos para pretender rendir por hambre a los labriegos. A pesas de la sevicia con que lo hicieron, no pudieron. Los campesinos orientados por 48 labriegos entre ellos, Manuel Marulanda Vélez pudieron sortear una vez más la arremetida desalmada del gobierno nacional y el militarismo rabioso”.

“La arremetía fue violenta, pero los campesinos tenían mucha comida y eso los salvó, pudieron resistir la operación criminal y salir avante una vez más. Había ganadería, marraneras, gallinas. Todo eso sirvió para sostener la pelea. Fueron 48 campesinos que les tocó sublevarse en armas nuevamente para salvar sus vidas y las de toda esa comunidad compuesta por niños, adultos, hombre y mujeres. Esa pelea fue muy dura porque todos esos filos y profundos cañones se llenaron de militares, pero dos o tres personas, le sostenían pelea a verdaderos batallones de soldados con arma de fusilería e incluso, las escopetas de fisto y cápsula”.

“Murió mucha gente de parte y parte. Se lograron meter a Marquetalia porque los indios que estaban con los campesinos, se torcieron algunos, dicen que entregaron los sitios donde estaba minado, ellos fueron los que sapiaron. La otra fuerza fue la aviación que menguó la resistencia de los habitantes de la zona y así pudieron llegar los Chulos a esta distante vereda de Marquetalia. Pero no les fue fácil. La pelea fue violenta. Dura. Cuentan los que vivieron esa etapa que cuanto palo de naranjo se encontraba cargado de naranjas no las cogían, las dejaban. “Déjelas para meterles una minita”, decía el comandante ya prácticamente de la resistencia, Manuel Marulanda Vélez. Alguien expresó su preocupación por la cantidad abismal de militares en la zona y el comandante Marulanda ante eso contestó: “Entre más numerosos mejor, más blanco nos dan”.

“Una vez más se acentúa la persecución contra los campesinos y los crímenes más absurdos se suceden desconociendo las más elementales normas de la guerra. Una vez me emborraché en Chaparral y me metieron tres días a la cárcel. Allí estuve con 25 campesinos de la zona de Gaitania y de Marquetalia, todos acusados de ser alzados en armas, cuando en realidad eran campesinos todas víctimas de la violencia. O sea, los montajes contra los campesinos no son de ahora, son de vieja data. Estaban pagando lo que no debían. Los sacó el doctor Humberto Oviedo, un abogado consecuente con los campesinos y la lucha revolucionaria. Él los sacó a todos de la cárcel en esa oportunidad. Ellos me contaron allí en el penal toda la historia de la cruel “Operación Marquetalia”.

“Cuando la “Operación Marquetalia” yo me encontraba en Chaparral, en la zona de la Sonrisa. Yo volví a entrar a esa zona en medio de una tensa pacificación. Manuel Marulanda Vélez, fue un campesino valiente, inteligente y templado que se preocupó por los demás campesinos y luchó por ellos con decisión y coraje. Lo conocí siendo muy niño y tengo los mejores recuerdos de él. Nosotros hacíamos parte del batallón Sucre, como ya le dije, y nos tocaba salir con ellos. Ahí iba Manuel. Lo conocí cuando yo pasaba de los diez años y Manuel era muy joven, de pronto exagerando, creo que tenía unos 20 años. Era muy sereno para hacer las cosas, mucha capacidad y conocimiento para orientar, a pesar que aún no sabía leer y escribir. Creo que en el Davis aprendió a leer y a escribir, porque allí ya tenían cuadros para enseñar a leer y a escribir, pero también para prepararlos políticamente. A las personas que veían que tenía capacidades les iban dando cursillos y estudio en general para prepararlos correctamente. A nosotros los niños también nos daban preparación, esa preparación me ha servido para seguir firme en la lucha revolucionaria, más la continua preparación que ofrece el Partido Comunista”.

“Durante esa etapa es que yo recuerdo a Manuel Marulanda Vélez. No tengo anécdotas muy claras con él. Él quería mucho a la juventud. Sabía mandar. Era decente. Una vez – recuerdo – bajábamos por la región de la Verbena, más abajo, donde ellos se encontraban acampados; me dijo: “váyase a esa quebradita y tráigame agua”, entregándome el casco de esos que les había quitado a los militares.  Yo corrí y le traje agua. Siempre le decía a uno: “Vaya mijo y haga esto o aquello”, siempre lo mandaba a uno decentemente. Y claro, era lo generalizado en los campesinos alzados en armas, siempre tratar bien a las personas, a los niños y a las mujeres de la región”.

“Haciendo una análisis político de aquella dolorosa época hay que decir que el alzamiento fue una necesidad para salvar la vida, los pocos bienes y poder estar contando esta historia. Los Chusmeros, después los Comunes y más tarde, la guerrilla, fue consecuencia de la ausencia de Estado, fue consecuencia de la violencia que desarrolló el gobierno central desde antes de la muerte de Gaitán por el simple interés del poder político para sus intereses económicos. Sí, lo que mira uno es que esa resistencia nació como una necesidad extrema de la gente para medio defenderse. El Estado, el gobierno no le interesó ni le interesa hoy la situación compleja de los campesinos. ¿Qué nos decían los viejos cuando venían esas arremetías? “Mis hijos: vienen matando”. Y eso era cierto”.

“La Chulavita era entrenada para matar. Cargaban bayonetas para rematar a los heridos con sevicia. Muchos niños murieron así. Yo alcancé a mirar yendo para el Davis cantidad de huesos humanos y sus cabezas en la vera del camino porque los Chulos los habían asesinado. Eso era matando sin piedad. Ante esa realidad, la única salida era tomar las armas. Por eso, cogieron inicialmente las escopetas de fisto y cápsula y se metieron a pelear. Solo por querer vivir”.

“Era la pelea de liberales pobres contra conservadores pobres durante un largo trayecto de esta cruda violencia, pero en realidad La Chulavita perseguía más a los que se declaraban de izquierda, sobre todo a los Comunistas. Es decir, una primera etapa de la violencia fue por el cuento de Liberales y Conservadores, una segunda es cuando comienza el hurto. Los Limpios arman la división por la ambición y porque no estaban bien formados políticamente. Todo lo que cogían era para ellos, mientras que Los Comunes todo lo que cogían era para compartirlo entre todos. Fue eso lo que le gustó a Manuel Marulanda Vélez y por eso se enroló con los del Davis y rechazó el ofrecimiento de los Loaiza y los García”.

“Así, se levanta este gran hombre, que fue formado por los compañeros del Davis. La primera escuela política y formativa que tuvo el compañero Manuel fue la escuela del Davis. Claro, allá fue que formaron la gente. Allá, se formó el compañero Manuel. Eso es positivo. Los que no se formaron ahí que venían del grupo de los Limpios a todos los mataron y los demás se pasaron a colaborar con el gobierno. A Leopoldo García, Peligro, lo mataron también. Yo lo conocí bien. Pero también conocí a todos sus hermanos. Creo que a él lo mataron en Ibagué, ya aliado con las fuerzas militares y  ganando dinero”.

“Todo este duro, largo y complejo proceso es la antesala a lo que sería el surgimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, FARC – EP, que seguramente será motivo de otra conversación”.

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